lunes, 10 de agosto de 2020

Las muelas del juicio

 

Había vivido ya en varios sitios diferentes. Había conocido la cultura europea y cómo vivía y se relacionaba la gente allí. Hablar con ese chico y pasar tiempo con él le proporcionaba una sensación de pertenencia y también de agrado y amabilidad. Pero la tradición oriental se impondría en su vida si contestaba la pregunta que él le acababa de hacer. Ella solo quería echar a correr. Le respondió:

-La verdad es que ahora mismo las muelas del juicio me están matando. Besos.

sábado, 11 de julio de 2020

Mi cabaña del árbol

Cuando vi aquella cabaña que mi tío abuelo me había construido, sólo para mí,  noté un sentimiento de libertad y tranquilidad enorme. Al fin alguien había puesto esfuerzo y atención, y lo que es si cabe aún más valioso, su tiempo, en intentar entenderme y ayudarme. Yo sólo soy un niño de 10 años y no puedo afrontar problemas que van más allá de mis posibilidades de niño de 10 años, así que esta cabaña me servirá para poder ser el Antonio que soy.

Subí las escaleras que mi tío abuelo había construido era muy sencillas y bonitas, yo para mis adentros pensé que eran un reflejo de él mismo, al igual que toda la cabaña. Unos simples tablones de madera bien sujetos al árbol con los tornillos de máxima calidad que él siempre usaba comprados en su ferretería habitual. Cuando entré, me pareció un espacio enorme, y mi imaginación comenzó a trabajar sin parar, un montón de posibilidades me vinieron a la mente en sólo un momento. La mayor ventaja que vi, es poder escapar de mi madre y sus constantes quejas sobre lo mal que iba el divorcio con mi padre. Yo sabía que ella no debía decir esas cosas delante de mí. Había oído como la psicóloga del colegio le explicaba que eso no era bueno para mí y que sólo me generaba sentimiento de culpa. Pero yo con mis competencias de niño no podía hacer nada si mi madre no hacía caso. El mayor problema que se me presentó, fue el dilema de si debería convertir en ese espacio que ya era más bien sagrado en mi mente y mi corazón, con más gente. Si lo debía compartir con algún amigo de clase. Pensé que podríamos pasar miles de buenos momentos y hacer un montón de buenos juegos pero también me daba miedo que algún día me traicionaran y le hicieran algo malo a la cabaña. La cabaña era un lugar sagrado que debía blindarse con estrategias infalibles anti-traición. Yo no me estaba dando cuenta pero ahí empecé a forjar un mecanismo de protección que me duraría toda la vida y que consistía en no confiar en la gente. Pero mi yo de diez años por supuesto creía que era un genio al que le parecía un plan genial.


sábado, 13 de junio de 2020

El ritmo del relato

Cada día que en su ciudad hacía bueno quedaban para dar un paseo. Carla y Javi se habían conocido en un trabajo que los dos odiaban y el cual les gustaría dejar. A Carla le gustaba mucho Javi pero al principio de conocerlo, no sabía muy bien de qué hablar con él. O como encontrar una situación en la que fuera cómodo entablar un tipo de conversación tranquila. Si analizaba en profundidad la situación lo que le pasaba no era causa de la timidez que en un pasado había superado. Simplemente cuando veía a Javi tenía un ataque de pánico. Se sentía muy mal y ridícula por ello pero  Se sentía inútil y sin valor ninguno. Pero ella ya había pasado muchas veces por situaciones parecidas, podríamos decir que se movía por la vida entre ataque de pánico y ataque de pánico desde que era bien jovencita. Así que ya no huía de ellos nunca más los enfrentaba:  sentía sus piernas temblar, el cuerpo sudar, y la vista desenfocada; y cuando era verano sentía también el calor de los sofocos que deben sentir las personas menopáusicas. Pero ella seguía adelante sabía que todo eso no estaba pasando en su cuerpo sino en su mente, y así, se tranquilizaba a sí misma. Hasta que el día en que tuvieron una conversación medianamente larga llegó: Estaban en el almacén en el que trabajaban cogiendo latas de refrescos para reponerlos. Y hablaron de dónde eran cada uno, qué habían estudiado, que opinaban del trabajo que hacían por el momento etc. La verdad es que una vez empezada la conversación todo se sentía bastante normal y los nervios del ataque de pánico se habían ido. Todo se había sentido muy bien los dos se sentían muy a gusto y querían volver a tener más charlas como esas. El problema es que ese pequeño tiempo en el que podían pararse a charlar un poco no se daba siempre. Entonces Carla llegó a la conclusión de que debía ir un paso más allá y darle su número de teléfono para que pudieran hablar todos los días. El momento llegó, era aquel, y ella se había tranquilizado a sí misma y se había dicho que lo podía hacer. Sin embargo por si acaso fallaba se había preparado el siguiente plan B: una nota en la que había escrito, Hola este es mi número, si quieres hablar me puedes agregar y una carita sonriente.

 Estaban los dos en el almacén y no había nada especialmente urgente que les requiriera mucha prisa a ninguno de los dos. Entonces Carla intentó tranquilizarse al máximo decirse a sí misma que todas las reacciones de su cuerpo estaban siendo psicosomáticas y que en realidad su integridad física no estaba en peligro; respiró, volvió a respirar, pero cada vez que miraba su cara simplemente no era capaz. Así que finalmente pasó rápidamente al plan B. Muy sonrientemente le dio la nota y le dijo “toma, me tengo que ir” y se fue hacia otra parte del enorme almacén rapidísimo. Javi se quedó un poco desconcertado mientras miraba a Carla marcharse tan deprisa, y cuando ya estaba bastante lejos abrió la nota. La leyó sonrió y agregó a Carla a sus contactos.

Después de muchas charlas por las redes sociales, algunas más largas y otras más cortas. Algunas que podían durar horas y otras cinco minutos. Decidieron quedar un día. El plan fue muy simple, solo pasearon y hablaron muchísimo y tomaron café. Empezaron a  quedar muy  a menudo, y cada vez se echaban más de menos si no se veían al menos una vez al día. Y así, pasaron las semanas. Un día en el que como siempre pensaban verse, empezó a llover muchísimo, también hacía viento, y caía algún rayo que otro. Javi habló con Carla como todas las mañanas para ver a qué hora se iban a ver. Pero Carla le dijo que no quería salir, por el tiempo, y que no pasaba nada si un día no se veían. Cuando Javi escuchó la voz dulce y aguda de Carla decir eso, se entristeció muchísimo, empezó a sentir que todo el cuerpo le pesaba más y no tuvo ánimo para hacer nada en todo el día. Se pasó el día tirado en la cama hasta que llegó la hora de dormir. Se sentía sin fuerzas y perdido, no llegaba a reconocer qué emoción se había apoderado de su estado de ánimo porque realmente no era tristeza. Simplemente se sentía muy débil y pensó que sería miedo al abandono. Desde que había empezado a quedar con Carla se habían visto todos los días y eso era lo que más le gustaba, lo que le motivaba. Hasta ahora no se había dado cuenta cuanta fuerza y alegría le generaban esos encuentros en sí mismos. Pero ahora se había hecho consciente de ello. Durante ese día sólo respondió a los mensajes de Carla con excusas, diciéndole que se encontraba un poco mal y que necesitaba descansar.

El día siguiente fue soleado y tranquilo y volvieron a quedar. Javi se encontraba mucho mejor sabiendo que volvería a ver a  Carla pero aún así aún le quedaba un poco de tristeza de lo que había pasado el día anterior. Estuvieron muchas horas juntos: quedaron al mediodía; fueron a un sitio bonito a comer, en el que estuvieron hasta la tarde;  y después pasearon hasta casi entrada la noche. Así que después de tantas horas Carla notó algo,  una especie de desasosiego o cansancio, y le preguntó si se encontraba bien.

Javi le contestó cómo se había estado sintiendo y Carla le respondió que porque un día no se vieran no cambia nada para ella. Y que algunas veces también necesitaba estar sola. Él no supo cómo lo afrontaría en el futuro pero la sensación de pena profunda se le calmó. Y cuando sintió ese descanso comprendió que el miedo de ser abandonado había disminuido profundamente dentro de él.


viernes, 29 de mayo de 2020

El anillo del ciego


Últimamente he estado teniendo unas pesadillas muy raras, hasta ahora había estado durmiendo muy tranquilamente, han pasado años desde que tuve mi última pesadilla, sin embargo os describiré la que he tenido hoy: oía muchos sonidos de coches en la carretera acercándose hacia mí, cada vez los sentía más cerca e intensamente, el sonido de los motores y las ruedas contra el asfalto, los olores de la gasolina y el metal, los acelerones y los frenazos, el sudor de cayéndome por la frente, y de repente el reflejo de una luz amarilla cegadora, proveniente de algún coche o camión. Entonces me he despertado en la cama, ni si quiera he sentido las gotas de sudor cayendo por la frente que sentía en el sueño, no estaba sudando en la realidad. Hoy si estuviéramos en una situación normal me despertaría y me iría a mi quiosco de la once pero como estamos en cuarentena debido al coronavirus creo que simplemente tendré un día relajado leyendo y viendo películas, espero que eso también me sirva para estar más tranquilo de cara hacia la noche, y poder evitar esas pesadillas...
El desayuno es una de mis partes preferidas del día ya que me encantan los olores y los sabores de lo que me suelo preparar. Mi desayuno favorito consta de dos cosas bien sencillas: café y tostadas con mantequilla y azúcar. Siempre me gusta prepararme el café en mi cafetera italiana. Comparto piso con mi amigo Julio y en la cocina cada uno tenemos dos armarios para cada uno… la verdad que moverme por el piso me es bastante fácil llevo viviendo aquí como unos tres años más o menos y me lo sé de memoria. También podríamos decir que soy una persona bastante sencilla no necesito muchas cosas materiales para sentirme bien y seguro, por lo tanto en cuanto cosas de cocina sólo tengo dos platos, un vaso, un cazo una olla, y algunos utensilios para remover la comida o cogerla…y bueno claro mis dos más especiales utensilios: mi cafetera y mi palomitero. Cojo mi cafetera y en cuanto siento el frio y suave metal empiezo a notar un poco más de energía para afrontar el día. Preparo el agua, y lleno el filtro. Enciendo el gas y apenas percibo un destello de luz cuando lo abro. Me preparo mi tostada de mantequilla con azúcar y solo el olor me hace sentir tranquilo y seguro como cuando era un niño y mi madre me preparaba ese desayuno, para mí se siente dulce y alegre. El café empieza a borbotear y el repiqueteo metálico que hace la tapa me indica que ya está listo. Me tomo mi desayuno bastante rápido.
Voy a ir a la biblioteca que tiene la once aquí en mi ciudad para consultar si tienen algún libro de interpretación de los sueños. El catálogo que tiene la once de libros en braile disponible es bastante grande, el problema en esta caso es que lo que ando buscando no es una novela sino algo muy específico. Sin embargo me sigue haciendo bastante ilusión investigar sobre el tema, y en el peor caso en el que no encontrara nada, seguro habrá alguna buena novela. El trayecto que tengo que hacer hasta llegar a la once no es muy largo ni muy corto, es bastante normal, y el único trecho que no me gusta es cuando tengo que cruzar una carretera bastante ancha y el semáforo no permanece mucho tiempo en verde. El resto del camino solo son calles de una ciudad media española cuyos obstáculos son bastante sorteables con el bastón. Así que cruzo todas esas calles “normales” hasta que llego al desagradable cruce. Para colmo en ese semáforo no está instalado el sistema de sonido para ciegos. Así que no se oye el  pitido. Por si aún no lo habías intuido soy un ciego que percibe un pequeño espectro de luz, no vivo en la oscuridad total. La mayor parte de mi visión es oscuridad, pero percibo algunas luces sin forma. Así que las dos únicas opciones que tengo para cruzar son o pedir ayuda, o intentar ver los cambios de luz de arriba y abajo en el semáforo. Hoy había un señor a mi lado así que le pedí ayuda, sino, las cosas habrían sido bastante más difíciles. Después de ese cruce el centro de la once está bastante cerca, sólo hay que andar unos cinco minutos más. Por suerte hoy no había ninguna cosa inesperada por el medio. Ya que digamos que hay ciertos objetos que permanecen todos los días en el mismo sitio, sin embargo, hay cosas que pueden cambiar: alguien puede haber dejado una moto en medio de la acera o puede que la persona que esta barriendo la calle haya dejado su carro en un sitio en el que yo no me lo esperaba. Eso son los pequeños detalles que más me cuestan de sortear. Así que finalmente llego a la biblioteca de la once, y pregunto por un libro de interpretación de los sueños. El bibliotecario, como ya me temía, me responde que sólo tienen libros de texto y novelas, y que desafortunadamente no poseen ninguna clase de libro parecido a ese. Aún así el amable señor no sabe que está a punto de darme la mejor noticia del día. En un tono de voluntad reconfortante, el bibliotecario me dice que está muy cerca de salir al mercado un anillo para facilitar el acceso a la lectura a las personas invidentes, el cual se utiliza para leer PDF que haya en internet. El anillo podrá transcribir todos los PDF que se encuentren en internet al braile. Eso me cambió el ánimo para todo el día. Antes de salir de la biblioteca de vuelta hacia mi casa, escogí una novela para leer mientras esperaba a esta maravilla de la tecnología. Seguidamente hice todo el camino de vuelta: crucé mi mayor obstáculo esta vez solo. Escuché todos los coches frenando, el silencio en la carretera por un momento, así que con bastante miedo decidí cruzar, y finalmente no pasó nada, llegué sano y salvo al otro lado de la carretera. Después caminé por todas las calles normales hasta mi casa y por suerte no me encontré ningún obstáculo inesperado.
El resto del día comí, leí un poco y vi una película, simplemente escuchando los diálogos, la música y los sonidos, porque las versiones con descripciones para ciegos me suelen agobiar. En mi opinión describen cosas demasiado obvias que retrasan el ritmo de la película. Esa noche me fui a dormir bastante tranquilo e ilusionado de pensar todo el mundo de posibilidades que se me abriría, al poder leer tantos libros que hasta ahora no podía. La verdad que a pesar de eso seguí soñando pesadillas por mucho tiempo. La de los coches se me repitió varias veces. Pero a veces no me asustaba tanto porque veía cada vez más y más reflejos de luces en lugar de tantos sonidos de la carretera.

jueves, 7 de mayo de 2020

ily

where is this tiny love coming from?
where it'd go?
where is my heart? inside my chest?
still some pieces there?

miércoles, 29 de abril de 2020

ahkdhkdhkdhk menú


En algún lugar perdido en la Grecia antigua, en algún callejón oscuro y abandonado de una ciudad no muy importante se esconden nuestros tres protagonistas en busca de un poco de paz, tranquilidad y comida. Como buenos expertos en callejeo y sitios oscuros encuentran un mugriento acogedor bar en el que no les ponen mala cara por no ser humanos. Ellos son dos monstruos aterradores y una pequeña ninfa de los árboles: Un argós, un caribdis y una díada. El argós, un gigante de cien ojos que en su día a día se dedica incansablemente a proteger día y noche con algunos de sus ojos dormidos y otros despiertos, le encantaría una buena sopa de bichos viscosos y vegetales; Caribdis que en su día a día, en su forma de huracán marino se dedica a destruir todo cuanto puede se muere por simplemente estar un rato tranquilo mientras se come unos macarrones a la boloñesa acompañados con cabezas humanas principalmente porque son sus preferidas, aunque si vienen mezcladas con cabezas de otro tipo de especie no le molesta porque él no hace ascos a nada en cuanto a comida se refiere. Por su parte la díada se encuentra fuera de su zona de confort, que es el bosque. Y no le ha dicho nadie de su entorno más cercano, dónde y con quién está, así que para ella pasar un rato con dos monstruos gigantes en una callejuela de una ciudad cual sea es una emocionantísima aventura. Por ello quiere también probar a comer algo que sea nuevo, asqueroso y excitante para ella. En el bar se sientan en una mesa que les queda un poco pequeños debido a ser, una bestia marina, un gigante y una ninfa, pero afortunadamente nuestros protagonistas ya están acostumbrados. El camarero se acerca y les enumera los platos que tienen ese día: sopa de sangre, macarrones con cabezas mixtas, musaka a la boloñesa, paella con romero, empanada con fermentos varios o reducción de dientes de tiburón. La ninfa intentó decidir rápidamente lo que era más extraño y podríamos decir extremo para ella y pidió macarrones con cabezas mixtas. Estos llegaron con cabezas de personas, de animales, de otras criaturas mitológicas, incluso nuestra ninfa llego a creer que había alguna de semi dios. Por otro lado como el Caribdis y el argós no encontrarón en la carta exactamente lo que querían, se decidieron los dos por la reducción de dientes de tiburón. Esta llego servida en la mandíbula del tiburón y simplemente aliñada con un poco de hierbabuena, eneldo y cebolleta. Los tres quedaron muy agusto después de este banquete típico griego para monstruos, criaturas y demás seres de la antigüedad humanos o no.

martes, 14 de abril de 2020

Bea y yo


Sé que mi amiga Bea se alegrará mucho cuando vaya a visitarla al hospital ya que está en una fase mucho más avanzada de la recuperación. Hace mucho que no vengo a verla y estoy muy nervios por ver cómo se encontrará físicamente, cómo estará de ánimo. Es de mis mejores amigas y siempre hemos estado muy unidas pero últimamente no he podido prestarle tanta atención cómo me gustaría, en una situación así. Creo que el buen tiempo, estará ayudando también. El sol es más intenso y los días son más largos cosa que a mí me gusta bastante. No sé si alguna vez hemos hablado de eso… ah sí creo que me dijo que a ella también le gustaba cuando el día alarga pero no el sol demasiado fuerte. El día más largo me dijo, que le permitía hacer más cosas y se sentía más viva, y enérgica pero el sol, creo recordar que me dijo que, le hacía sentir muy mal, casi mareada. Me gustaría llevarle un regalo que sea especial entre nosotras, como cuando ella me regaló una caja que tenía un edificio en miniatura dentro. Ella lo construyó con todos los detalles, porque sabía que me encantaría, me dijo que había disfrutado mucho haciéndolo pero que le había costado mucho al mismo tiempo, porque la compró de una página web china y las instrucciones eran pequeñas fotos con explicaciones en chino. Yo tendría que buscarle un regalo así de especial en el poco tiempo que tenía y del trayecto de mi casa al hospital.
Sentía que de verdad quería hacerlo por ella y por mí, y por ninguna de las dos en específico, sino por nuestra amistad. Me fijé en el día que hacía; en todos los sitios que tenía que pasar hasta llegar al hospital. Pensé en su enfermedad. En cómo se había roto la espalda. El día era precioso y primaveral, los colores de las pequeñas florecitas teñían los parques que hasta ahora habían sido bastante bonitos sólo con sus diferentes tonos de verde. Sin embargo ahora tenían toques de morado, azul, naranjas, amarillos suaves y rosas rojizos. Di muchas vueltas sobre mis propios pensamientos buscando una analogía que representara nuestra amistad y la unión que teníamos junto con la idea de sus vertebras desquebrajadas, uniéndose al ritmo que florecen las flores. Entonces automáticamente me vino a la mente el camino de mi casa al hospital: el ascensor, mi portal, la parada del metro-tranvía, las cinco paradas con sus nombres rancios de libro de historia de España, una pequeña plazoleta con tienditas, quioscos, bares y restaurantes, el parque y entonces el hospital Mamas Blancas. De verdad que no me podía explicar los nombres de algunos sitios públicos de mi ciudad, pero bueno, no me detuve en ese amasijo de preguntas sin respuestas porque era demasiado largo y tenía una preocupación más prioritaria. Recordé entonces cada una de las tienditas por las que tenía que pasar: la floristería, la ferretería, el bazar de dueños asiáticos, la librería. Mis primeras ideas fueron bastante buenas (para mí) pero también no muy trabajadas, libros y flores me parecieron lo más especial y bonito. Las flores podrían ser el símbolo de que lo natural siempre tarda mucho en tiempo en cambiar, y que los organismos vivos siempre estamos evolucionando de la vida a la muerte; Y sobre los libros pensé que seguro que encontraría alguno de su gusto que pudiera trasmitirle el mensaje que de que su espalda iba recuperarse y que lo que había perdido, su salud, su tranquilidad, su seguridad, su tiempo, sería fuente de vida, de construcción de su propia autoestima, de aprendizaje, de saberse resistente. 
Luego me paré en medio de la calle, el día seguía esplendido con el sol sintiéndose cerquísima, los bichos revoloteando, la gente sentada en los bancos hablando o esperando o haciendo algo que no sabía muy bien que era. Y me dije a mí misma que ella había puesto mucho más esfuerzo en construir la caja con el edificio dentro y que esos regalos, buenos, pero ya tan regalados no eran suficiente. Entonces entré en la ferretería. Era una tienda bastante grande y llenísima de cosas que la mayoría de ellas yo no sabía para que servían, la verdad. Algunas cosas me sonaban y las relacionaba con las bicis, o con algunas herramientas que había visto que mi padre tenía por casa. También estaban las herramientas básicas que todo el mundo conoce; la sección de menaje que siempre me relajaba mirar y algunos objetos que podríamos categorizar como sección del hogar. Me detuve en sección del hogar ya que no  me sentía tan perdida como cuando intentaba averiguar para que sirvieran la mayoría de los demás artilugios. Miré lentamente las lámparas de mesa y los flexos algunos me encantaban y pensé en comprarme varios y  que en mi mesa quedarían geniales. Pero después pensaba que realmente no los necesitaba. La sección del hogar era casi una sección de decoración, había cuadros, espejos, muebles pequeños, todos ellos dispuestos en una composición que transmitía mucha calidez y sensación de recogimiento de estar en casa.
Después de una lenta pero pequeña vuelta, ya que no era un de las partes más grandes de la tienda, vi una caja de música. Me acerqué y la hice sonar, no sabía cuál era esa canción, o pieza de música, pero realmente me produjo placer escucharla no quería que se acabara porque la melodía me transmitía una belleza y una serenidad  que me eran suficientes para no pensar en nada más. Sentí que era perfecto para regalárselo a Bea, sin embargo yo siempre he tenido un poco de complejo de poetisa  y no quería renunciar a encontrar la metáfora que en un objeto representará la lentitud, valentía, fuerza, vida e inteligencia que la recuperación de su espalda significaba. Me dije para mí misma que con la canción bastaría que, que las cosas sencillas pero realmente bellas son mejores que algo demasiado pretencioso. Sine embargo, tuve lo que a mis propios ojos me pareció una gran idea: el mecanismo de la caja de música, según mi parecer sería bastante parecido a cualquier mecanismo óseo. Entonces cogí la caja la miré bien, me encantaba, me la acerqué al pecho como para sentir lo que me trasmitía. Sentí calma y alegría, las dos a la misma vez me provocaban la felicidad. Por eso fui corriendo a hablar con el cajero.  A mí los ferreteros (y todas las personas que trabajan en tiendas de algo muy concreto) me parecían sabios infinitos con un conocimiento vasto a cerca de cosas muy poderosas y desconocidas para mí. Con bastante inseguridad y miedo de preguntar algo estúpido o imposible, le comenté que si el mecanismo de la caja de música se podía desmontar y que si volver a montarlo resultaba especialmente difícil. Él con su tono serio y su vocabulario de profesional de la ferretería me respondió que dependía de para quién. Entonces entendí que debía darle una explicación más larga a ese señor para que me ayudara a que el plan para construir un buen regalo saliera bien. Le conté toda la historia, y entonces él desmontó toda la caja por mí, y me explicó muy detalladamente cómo debería volver a montarla. Pareció quedar muy comprometido con la historia y no importarle usar todo ese tiempo para explicarme todo con paciencia y muy seriamente. Yo me quedé bastante sorprendida para bien. Tenía todas las piezas por montar dentro de una caja de cartón.
Entonces pasé por el parque y me quedé impactada nunca me había fijado tanto en lo bonito que era ese parque dentro de una ciudad tan normal como me parecía a mí misma mi propia ciudad. De repente me concentré en varios pequeños detalles que había estado ignorando por mucho tiempo. Los olores de la ciudad mezclado con los ínfimos toques de olor que desprendían las florecillas en medio del césped, en medio de los árboles…algunos cítricos que daban los árboles de aquella cálida zona, la propia textura de la hierba que no era igual que la de otras que había visto. Entonces decidí que toda esa vida debería integrarla en el regalo para Bea. Me senté en el césped del parque saqué todas las piezas de la caja y las coloqué sobre la caja. Recordé como el ferretero me había dicho que encajaban y en medio de las piezas coloque trozos de hierbas, pequeñas flores, pétalos que eran un poco más grandes, algunos tallos de flores que eran más ásperos y espinosos. Después de colocarlo todo y cuando a mi parecer quedó perfectamente estético y a la vez representativo de todo lo que para mi ese objeto significaba, activé el mecanismo. Una sensación rápida de miedo me recorrió todo el cuerpo, de verdad quería que fuera suficiente para aliviar a mi amiga al menos un momento. Entonces todo la caja empezó a sonar con esa música que tanto me gustaba y tanta calma me daba… se me vinieron a la cabeza muchos de los momentos con mi amiga y lo que me dolía que ahora no pudiéramos tener la oportunidad de vivirlos, y por un momento también sentí una tristeza muy profunda al imaginarme todo el dolor que ella había sentido por ese accidente. Sin desear nada ni bueno, ni malo, sin pensar por qué o por qué no habían pasado las cosas, solamente dejé que esa tristeza me atravesara.
Aún con algunas pequeñas lágrimas en los ojos, volví a pensar en cómo había quedado la caja con las plantitas y como lucía todo cuando sonaba la música, y me animé de nuevo. Empecé a correr, en un arranque de energía y optimismo. Todo lo que podía ver eran ráfagas de los edificios, de los árboles, de las personas y los coches, paré una o dos veces a respirar. Y en cinco minutos llegué al hospital. Ese edificio se me presentó como el muro más grande que podía haber en el mundo, como una barrera inquebrantable entre yo y mi amiga. Entonces toda la energía que había estado sintiendo mientras corría para llegar allí, se transformó en ansiedad. La temperatura de mi cuerpo cambió empecé a sentir un calor que no podía soportar y en las costillas un ligero temblor. Me calmé a mí misma, pregunté en la ventanilla de admisión por el número de la habitación de mi amiga. Me dijeron que estaba en la tercera planta en la habitación número doce. Y mientras estaba en el ascensor tuve un gran momento de autoconciencia:
ahí estaba yo esperando por ver a mi amada amiga, que siempre había sido mi familia, con mi caja de música toda repleta de ramas y hierbajos dentro de una caja de cartón, sin saber cómo la iba a encontrar cuándo cruzara la puerta de su habitación.
La puerta número doce no estaba muy lejos del ascensor, así que pasé una pequeña parte de ese pasillo que era blanco y parecía infinito, y me plante delante de la puerta número doce. Gire el pomo y allí estaba mi amiga Bea tumbada en la cama con su madre y su tía. Todas ellas sonrieron mucho al verme, y yo al verlas a ellas. Entonces no pude aguantarme y empecé a llorar ni si quiera sé muy bien porque, y Bea empezó a llorar también, las dos sonreíamos mientras llorábamos, y sin decir nada le di la caja. Su llanto empezó a ser un poco más débil, ya que parecía concentrada examinando que era aquello que le acababa de dar, entonces activó el mecanismo y la caja reprodujo la melodía alegre que tanto me gustaba…y Bea se quedó en silencio escuchándola. De pronto esa habitación de hospital tan blanca y fría se convirtió en miles de recuerdos para mí, en miles de lugares dónde habíamos estados, miles de anécdotas que las dos recordábamos bien, personas con las que habíamos convivido las dos. No lo sé seguro pero creo que para Bea también fue algo así, ya que empezó a llorar aún más fuerte pero sonriendo. Yo le di la mano y la abrace como puede, estando ella tumbada en la cama pero con el torso un poco elevado en esas camas de hospital que se pueden mover de diferentes maneras. Allí estábamos las dos en la postura más incomoda del mundo siendo felices con un dolor que nos atravesaba la espalda y a cada una entera. El llanto siguió natural y tranquilo, mientras su tía y su madre nos trataban de calmar pero nosotras sabíamos que iba para largo. Y realmente ni si quiera nos preocupaba. Cuando terminó le pregunte sobre los médico y que le habían dicho. Ella respiró hondo antes de contestar y me dijo que se recuperaría con un tiempo más largo de lo normal en ese caso de lesiones, porque tenía una deformación en la espalda de antes del accidente. Y así, yo tragué saliva y dejé que otro dolor más se me metiera dentro y se esparciera por mis huesos, mis músculos y mis órganos. Pero ya no lloré más, ninguna de las dos lo hicimos.

Mi ratón Pedro

 Mi ratón Pedro. Mi ratón Pedro vive conmigo, roe cartones, corretea y come cacahuetes. A veces le cuento mis cosas y él me escucha mientras...