miércoles, 11 de agosto de 2021

4

Y así fue como Antonio, llegó a casa y me dijo que había tomado su decisión que quería ser tratado por el sistema de medicina normativo, por los psiquiatras y psicólogos convencionales. Y yo antes que nada soy amigo de mis amigos, abuelo de mis nietos, padre de mis hijos y viudo de mi amada difunta esposa. Y aunque debo admitirlo, en el primer momento mi orgullo profesional se molestó, pensé en mi nieto y en que su libertad y el respeto que se merecía estaban por delante de todo eso. A tuvo que ser ingresado en la planta de psiquiatría del hospital general durante un mes. Esto fue un golpe muy duro para los dos.        Antonio lloraba después de cada consulta que teníamos con los médicos y psicólogos. Yo le abrazaba y le escuchaba, y después siempre le repetía que todo esto era para su bien, que si estaba pasando por todo eso,  cuando se acabara conseguiría algo maravilloso. Yo quería creerlo también, aunque a veces me quedaba sin fuerzas y esperanzas, pero siempre me aferraba a ese pensamiento y me servía. Cuando los médicos decidieron que tenía que pasar un tiempo ingresado en la planta de psiquiatría fue durísimo, pero yo solo me quede a su lado cuando el lloraba y lloraba. No le seguí repitiendo que todas las cosas que pasaban eran para mejor. No le decía nada solo le ofrecía mi apoyo físico, mi presencia.

La primera noche que pasé sin Antonio fue horrible, la ansiedad pudo conmigo en muchos momentos y pensé que ninguno de los dos lo podríamos superar. Durante ese mes horrible que Antonio, pasó en el hospital. Mientras esperaba sus llamadas que era lo que más me importaba en todo el día, me dediqué/refugié en mis estudios. Estaba en parte frustrado porque Antonio se había asustado tanto de lo que yo le había propuesto que tenía la sensación de que algo había hecho yo mal en el proceso. Después de darle muchas vueltas me propuse los siguientes objetivos: primero trabajar mucho tiempo conmigo mismo, practicando la psicomagia solo; tendría que empezar por cosas pequeñas y sencillas y practicarlas durante mucho tiempo hasta poder aplicarla en casos más graves y serios. Uno de los miedos que me parecía que podría hacer frente con la psicomagia y que no sería necesario un esfuerzo enorme para ello, podría ser la claustrofobia. Desde que era un niño me había sentido muy agobiado en los espacios en los que no había puertas o ventanas, o en los espacios en los que era difícil encontrar la salida. Era un miedo más a los espacios cerrados que a los espacios pequeños, el miedo a sentirme atrapado más que el miedo a no tener suficiente espacio. Se me ocurrió que un ritual que podría ser bueno para superar ese miedo sería pasar mucho tiempo en algún sitio en el que me hubiera sentido muy atrapada, o en el que yo sabía que me sentiría muy atrapado, pasar allí mucho tiempo pero a la vez sentirme libre y contento.

 Entonces pensé en una parada del metro que estaba bajo tierra en la que me había sentido muy agobiado muchas veces, cuando tenía que pasar allí más de unos diez minutos. Me acordaba que a diferencia de en otras paradas en esa siempre se me conectaban los datos del móvil. Podría pasar allí varias horas, pero llamar a algún amigo que viviera en otra ciudad o en fuera del país, para sentir que las conexiones se pueden dar incluso bajo tierra. Como toque poético pensé que podría leerle alguna poesía, o algún pasaje de un libro que me recordara a esa persona.

Decidí que debería estar mínimo ocho horas en la parada del metro, al principio pensé que me pondría más aprueba si lo hiciera por la noche, pero me di cuenta rápidamente que no lo podría soportar. Que estaba haciendo lo mismo que hice con Antonio, llevando las cosas demasiado lejos, y que debía como ya me había dicho a mí mismo antes, hacer las cosas a una escala más pequeña. Así, decidí que estaría las horas normales de la jornada laboral durante un día entre semana. El martes siguiente fui a la parada del metro. Sólo me quedaba pensar en el amigo o la persona a la que podía llamar y de verdad sentirme a gusto y en confianza para decirle lo que estaba haciendo, y bueno, también para poder así decidir el poema o el trozo de libro que le leería. Primero pensé en Antonio, pero luego vi debía dejarle descansar, no quería estresarle más, de lo que ya lo había hecho. Entonces se me vino a la cabeza mi buen amigo José Luis, el único amigo que había conservado desde el colegio hasta ahora. Había compartido con él casi todo los acontecimientos, más extraños, íntimos e importantes. Solía andar un poco ocupado la mayoría del tiempo, pero ahora ya era un jubilado como yo. Así que si le llamaba unos días antes y le explicaba lo que quería hacer, seguro podría hacer un hueco para hablar conmigo y que le dedicara un pequeño poemita. Le envié un mensaje a Jose Luís y me contesto con una llamada. Estuvimos un rato bastante largo contándonos la vida, yo le conté todo lo que había pasado recientemente incluido todo lo de Antonio, y después le conté la idea de lo del metro. Me dijo que le parecía muy bien que podía contar con él sin problema. Se me quitó un peso bastante grande de encima al oír que aceptaba la idea, y como siempre sentí un gran amor y agradecimiento por que la vida me hubiera dado un amigo tan bueno.

Al día siguiente mi único plan era llamar a Antonio por la noche, así que podría estarme de ocho a ocho en la parada del metro y llamar a José Luís después de las cinco que es cuando me había dicho que le venía bien. Así lo hice, a las ocho de la mañana llegué a esa parada del metro con mi mochila cargada con mi  portátil plenamente cargado, dos bocadillos, dos mandarinas, una botella de agua, y una barrita de avena y chocolate. A las ocho de la mañana estaba todo lleno de gente  entrando y saliendo de los metros. Eso me agobiaba un poco, pero a la vez me entretenía curioseando lo que la gente hacía, llevaba o decía. Los peores momentos fueron cuando todo se quedaba un poco más muerto y el aburrimiento dejaba que la ansiedad se apoderara de mi mente. Esto pasó sobre todo desde las diez y media hasta las doce. Para lidiar con el agobio y el pánico me puse video de youtube, porque leer no me funcionaba, ya que no me podía concentrar. Así pase los peores ratos, comer también me distraía. Desde la una hasta las dos y media volví a entretenerme bastante con la gente que transitaba por allí. Desde las dos y media hasta las cinco y media lo pasé bastante mal, pero me entretuve pensando en cómo iba a hacer el ritual para José Luís. El poema que le iba a dedicar ya lo había decidido, así que me entretuve pero no tanto. Dieron las cinco y media y era la hora de llamar a José Luís. Sentí un grandísimo alivio al ver la cara de mi amigo por la pantalla con esa imagen de tan baja calidad. Fue como una luz clarificadora y cálida. Allí estaba mi fiel amigo con sus enormes gafas, sus gorditas mejillas y su cabeza mayormente calva. Me sentía salvado y rescatado, toda la gratitud del universo y de mi ser estaban reunidas en mi gratitud por contar con mi buen amigo José Luís. –José Luís!!! No sabes cómo me alegro de verte. Yo le conté un poco como me había estado sintiendo durante la experiencia, y el al ver que había estado bastante agobiado, me intentó distraer contándome cosas que había hecho e intentando hacerme gracia. La verdad es siempre me reía mucho con él, nos reíamos de cosas bastante sencillas y absurdas y eramos muy felices. –Bueno Josele allá va te dedico este poema de Octavio Paz que me ha recordado a nuestra amistad que tanto nos ha ayudado a estar y a olvidar:

La amistad es un río y un anillo. El río fluye a través del anillo.

El anillo es una isla en el río. Dice el río: antes no hubo río, después sólo río.

Antes y después: lo que borra la amistad. ¿Lo borra? El río fluye y el anillo se forma.

La amistad borra al tiempo y así nos libera. Es un río que, al fluir, inventa sus anillos.

En la arena del río se borran nuestras huellas. En la arena buscamos al río: ¿dónde te has ido?

Vivimos entre olvido y memoria: este instante es una isla combatida por el tiempo incesante

Cuando acabe de leer, José Luís se quedó como un minuto en silencio, y luego me dijo; -La verdad que me cuesta un poco de entender, ¿la podrías leer otra vez? La volví a leer, y él me contestó: -Muchas gracias Joaquín, la verdad es que no se si entendido exactamente el significado de la metáfora, sé que tiene que ver con la idea de que la amistad es como un pequeño oasis en el que el tiempo se disuelve pero que a la vez es por donde pasa. Espero que lo que he entendido no se aleje mucho de lo que quería decir el autor, y de lo que querías decirme tú. En ese momento yo no le estaba prestando mucha atención y sólo le pude contestar: -Claro que sí. No le prestaba atención porque me estaba enfocando en la maravillosa sensación que había tenido mientras le leí dos veces el poema. Por primera vez me había olvidado de donde estaba, y me había sentido en paz y tranquilo metido en esa parada del metro. Me quise concentrar mucho en esa sensación para que me durara lo máximo posible, ya que aún me quedaban a cerca de tres horas de estar ahí. Por eso la conversación con Jose Luís no se alargó mucho más. Pensé para mis adentros que más tarde, u otro día tendría tiempo para comentar todo lo que había sentido y agradecerle lo suficiente que me hubiese ayudado a llevar a cabo esa experiencia. Me seguí concentrando en la sensación de tranquilidad que había tenido, y para que no se acabara después de finalizar la llamada con José Luís, seguí leyendo poesía, porque pensé que me ayudaría. La sensación de paz ya armonía se iba disolviendo poco a poco hasta que me volvía a sentir bastante angustiado, leer ayudaba pero definitivamente no era lo mismo. A pesar de la sensación de angustia que volvía a tener, en el fondo de mi había un pequeño sentimiento de seguridad muy cálido y reconfortante, que yo sabía que era por el ritual. Cuando me di cuenta de eso, entonces pensé que el esfuerzo había merecido la pena.

Cuando llegué a casa sobre las nueve, llamé a Antonio para ver cómo se encontraba ese día, y la verdad es que no tuvimos una larga charla porque se encontraba muy somnoliento por la medicación. Aún me revolvía mucho las entrañas todo lo que estaba pasando con Antonio, pero ni si quiera podía hablar mucho con él, pensaba que sólo me quedaba encomendarme a las fuerzas del universo y pasar mi tiempo estudiando la psicomagia. Al sentirme tan mal al oír a mi nieto en ese estado, el sentimiento de pequeña parcela segura que había creado aquella tarde, aún se sentía muy reconfortante. Eso me motivo a seguir experimentando.

Al día siguiente me propuse crear un pequeño ritual para un miedo que me costaba reconocer a los ojos de los demás, pero que yo era muy consciente de que lo tenía, y era mi miedo a no ser perfecto. Yo siempre quería que mi nivel de trabajo y de resultados en todo lo que hiciera tuviera perfección, o al menos que estuviera muy muy cerca. A veces me sentía muy estúpido por ello, porque cuando me paraba a pensar lo que significaba ni si quiera lo sabía muy bien. Sin embargo sabía que para mi significaba trabajar a un nivel de intensidad muy alto, en el que muchas veces no importaba el tiempo que dedicaba, o el esfuerzo o sobreesfuerzo que hacía. Tenía que ser el mejor de los mejor a ser posible. Entonces me vino a la cabeza muy rápidamente lo que tenía que ser: Un desastre profesional pero expresándome artísticamente. Entonces pensé en los payasos, y en que hacía poco había visto una entrevista a dos payasos profesionales, en la que hablaban de que había escuelas de payasos y que era un oficio y una carrera. Pensé que no sería lo adecuado tampoco y que no tenía tiempo, de sacarme la carrera entera de payaso, así que intenté buscar cursos o cursillos para ser payaso profesional. Y ahí que encontré uno de tres semanas en una escuela que estaba a media hora en coche. El cursillo era muy divertido y me mantenía ocupado durante unas seis horas al día. La verdad que al principio pensé qué elemento artístico debería añadirle a esta experiencia para transformarla en algo poético, pero en cuanto estuve una horas en la escuela comprendí que el curso era un enseñanza artística en sí misma.

Las clases consistían en varios ejercicios en los que básicamente había que pensar sólo en pasárselo bien, y en convertir las malas situaciones, o los errores, en errores más grandes o situaciones aún peores. Así se pasaba de lo ridículo a la hilaridad. La verdad es que al principio me daba bastante vergüenza participar en los ejercicios en frente de los demás compañeros y sentía que  de cierta manera estaba perdiendo mi tiempo, y aunque los primeros días casi no participaba y me quedaba muy quieto sólo mirando y esperando a que nadie notara mi pasividad en las clases, después de tres días me animé a participar. La actividad consistía en “escalar una silla”. Era un ejercicio bastante simple y tonto. Pero realmente me imagine en mi mente los movimientos que creía recordar que hacía cuando era pequeño e iba al rocódromo dos veces a la semana. Y los intenté “aplicar” a la silla, realmente era torpe a más no poder y provocaba la carcajada más inocente y sencilla. Mientras empezaba a coger la silla de un lado y de otro, intentar abrazarla como si fuera la pared de una montaña, y poner todo my supuesto esfuerzo en ello mientras me caía al suelo, de cabeza,de rodillas, apoyando las muñecas llevándolas al borde de la fractura etc. Se me escapaban las carcajadas, y en un primer momento, sólo me concentraba en mí mismo y en la diversión que me estaba dando todo aquello. Pero después de unos momentos me di cuenta que todos a mi alrededor se estaban riendo a carcajada limpia igual que yo. La verdad que me sentí muy bien, he hizo que me riera aún más, y al final de la situación todo el espacio de la clase se convirtió en una carcajada gigante de las 15 personas que estábamos allí. Fue un momento muy divertido y también feliz. Me sentí muy tranquilo y  aliviado de muchos pesos emocionales que sentía sobre mis hombros. A medida que pasaban los días me iba sintiendo más cómodo en las clases y cada vez participaba más. Cuando el cursillo acabó me di cuenta de cómo eso había afectado también mis tareas del día, por ejemplo el hecho de casi no pudiera hablar con Antonio, ya que se encontraba muy medicado, me pesaba menos sobre los hombros. El hecho de que me sentía bloqueado de cierta manera profesionalmente ya que no podía ayudar a mi nieto con nada de lo que había estudiado, me afectaba de otra manera. Me dolía mucho, mentiría si dijera que no. Pero se hacía más fácil pasar el día y la noche cuando recordaba la risa que toda esa torpeza y ridiculez me hacía sentir. 

jueves, 17 de junio de 2021

Capítulo 3

 

3

Mi abuelo me había dicho que lo mejor que podía hacer ese día era tomármelo de descanso, puesto que él pensaba que el estrés había influido mucho en lo que me había pasado. Yo lo he había contando que vi a alguien en el autobús que iba disfrazado de persona normal con un cuchillo pero que en realidad el me hablaba a mí como si fuera el demonio. Entonces por la noche mi abuelo se sentó en el sofá conmigo y en un tono muy tierno y calmado me dijo: -Antonio, lo que has tenido es un brote psicótico, un tipo de paranoia. Y podemos intentar solucionar las cosas desde la medicina normalizada, con medicación y todas esas cosas, o intentar hacer un ejercicio de psicomagia. Lo que sabes que estado estudiando recientemente. Yo estaba apoyado en el pecho de mi abuelo y él me rodeaba los hombros con los brazos. Cuando miró hacia abajo vio las lágrimas que me rodaban de los ojos hasta la boca. –Lo que tú digas abuelo, lo que tú creas que es mejor, yo no lo sé. Dije yo sollozando. -Tranquilo Antonio esto que te ha pasado se puede tratar de muchas maneras y tiene varios tipos de soluciones, y mientras encontramos la mejor yo voy a estar siempre aquí apoyándote. No tienes que preocuparte, yo creo que lo mejor sería tratarlo con psicomagia pero ahora los dos tenemos que descansar. Recuperar la energía que nos ha supuesto encontrarnos con esta nueva realidad, y sobre todo tu tienes que descansar de haberla vivido. Cuando los dos estemos preparados te contaré lo que creo que podríamos hacer, ¿vale? –Vale. Y me quedé allí llorando en el pecho de mi abuelo bastante tiempo.

Unas horas después, sobre la hora de cenar mi abuelo empezó a contarme todo el plan: -Vale Antonio, este es el ritual de psicomagia que he pensado que podría funcionar para el problema que estamos teniendo. Quiero que sepas que yo voy a estar todo el rato pendiente de todo, como podríamos decir “director del ritual” pero sobre todo como tu abuelo. Así que en cualquier momento no dudes en preguntarme lo que quieras, o en parar de hacer cualquier cosa si no te sientes bien haciéndola. ¿De acuerdo? –De acuerdo.

Bien, Al haber visto ese ser con apariencia de hombre con un cuchillo, que en realidad según me dijiste es el demonio, tendremos que ir al autobús con un animal muerto que compremos en la carnicería, es decir un pollo o un conejo y abrirlos y cortarlos como si los necesitáramos para el cocido. Para que nuestra mente capte el mensaje de que no tenemos miedo a lo que ese hombre sea, si es demonio o satán o lo que sea, tendremos que llevar algo que simbolice el demonio. ¿Qué objeto pequeño podríamos llevar que simbolice el demonio para ti Antonio? Yo dije todo inseguro, y casi tembloroso: -¿Una cruz boca abajo? –Sí, perfecto eso nos servirá seguro. ¿Cuándo te gustaría hacerlo? Yo pienso que cuanto antes mejor. ¿Mañana por la mañana? –Vale. Voy a descansar un rato a mi cuarto.

Me fui a mi cuarto empecé a temblar, al principio me dije a mi mismo que todo estaba bien. Que mi abuelo era una persona muy inteligente y sabía lo que estaba diciendo, y de lo que estaba hablando. Que siempre había cuidado de mi, y que nunca me haría nada malo, que confiaba en él plenamente. Pero entonces mi vinieron a la mente pensamientos del tipo: ¿qué pasa si mi abuelo me quiere y me ama, y se preocupa por mí y está haciendo todo esto por mi bien, pero simplemente está equivocado? Es un ser humano, no sería tan raro que se equivocara. Muchas veces se ha equivocado, incluso alguna vez me conto errores que había cometido con sus pacientes, y que estaba trabajando en cómo superar la culpa. Ese pensamiento empezó a crecer y a crecer en mi mente durante toda la noche como una sombra negra. Hasta que ya no lo pude retener más como simple pensamiento. Cuando los pensamientos negativos empezaban a tomar fuerza en mi cerebro normalmente solía pedir ayuda a mi abuelo. Pero con quién podía hablar de esta cosa tan bizarra. ¿Quién de mi confianza podría escucharme sin hacerme sentir juzgado o hacerme sentir que juzgaban a mi abuelo? Entonces cuando estaba a punto de sentirme desesperdamente solo me vino la imagen de Julia a la cabeza. No habíamos hablado demasiado, pero era una persona que cantaba en la calle y quería ganarse la vida así. Pensé que ese nivel de rareza estaba casi al nivel de lo que el loco de mi abuelo me estaba diciendo que necesitábamos hacer.

            Julia respondió a mi mensaje privado dos horas después, y me dijo que podría ir a su casa al día siguiente por la mañana porque esa noche tenía demasiadas cosas que hacer -¿Sobre qué hora podría ir por la mañana? –Sobre las ocho o las nueve está bien para mí, me dijo. –Vale, muchísimas gracias, contesté. Para mis adentros estaba pensando que era un poco tarde porque mi abuelo se solía despertar entre las siete y media y las ocho. Pero no me preocupé mucho porque enseguida pensé que podría salir unas horas antes de mi casa/casa mi abuelo, y tomar un largo y recomponedor desayuno en cualquier bar o cafetería. Me puse a preparar una bolsa de ir al gimnasio con las cosas esenciales que me parecía que necesitaba para sobrevivir. A mis ojos con eso podría sobrevivir dos semanas sin lavar nada, y luego ya me buscaría la vida para buscar un sitio donde lavar. A penas dormí esa noche, y mientras preparaba todo eso, y combatía con el insomnio noté que me sentía bien por un lado porque iba a evitar a hacer una cosa que en lo más profundo de mi ser no quería hacer. Pero por otro lado, me daba pena mi abuelo. Sabía que se quedaría preocupadísimo si yo desaparecía, no quería hacerle eso a mi abuelo. Y entonces enseguida pensaba que mi huida no sería larga y que no dejaría tiempo suficiente para que mi abuelo se preocupara tanto. Simplemente me iría a un lugar en el que nadie pudiera forzarme o presionarme para hacer cosas que no quería, pero no tendría porque pasar allí un gran periodo de mi vida. Podría volver si conseguía sentirme a salvo otra vez, como me había sentido la mayor parte del tiempo en casa de mi abuelo hasta ese momento. Ese era el plan.

Así  que cuando dieron las seis de la mañana, salí de la forma más silenciosa que pude de casa con mi bastante pesada bolsa, y todos mis miedos y esperanzas revueltos en mi barriga a modo de ganas de vomitar. Casi todos los bares y los autobuses empezaban el servicio a las siete de la mañana así que no sabía si caminar un poco en dirección a casa de Julia o esperarme en un banco. Empecé a andar y encontré un bar cualquiera, con sus típicas cosas de bar cualquier abierto a las 6 y cuarto de la mañana. Se llamaba Evualá. Y estaba allí abierto para dar cafés, cruasanes y tostadas a los currantes que empezaban el turno a las 5 de la mañana o antes. Al tener  bastante tiempo para el desayuno, y dinero suficiente ahorrado del trabajo del paellador, me pedí lo que yo consideraba un desayuno completo: una tostada con aceite, un cruasán de chocolate y un café con leche. Pensé también en pedirme un zumo de naranja ya que vi que tenían allí la máquina con todas las naranjas preparadas y con buenísima pinta, pero pesé que ya era un poco demasiado. Así que con esas tres cosas en ese bar manolo cualquiera con su nombre francés inventado de barrio Evualá me quedé intentando ahogar mis penas en un desayuno completo.

Realmente sólo me quedé allí media hora, quería irme a las siete menos cuarto, porque el servicio de autobús empezaba a las siete y realmente no sabía muy bien donde estaba la parada ni nada, así que quería esos quince minutos para usarlos en investigar eso. Finalmente encontré la parada más cercana y pude coger el autobús de la siete en punto. Desde allí me quedaba sobre cuarenta minutos para llegar a la zona donde vivía Julia. Ella me había dado la dirección exacta de su casa, y un código para el portal de abajo, pero no su número de teléfono, a lo mejor no tenía móvil, pensé. Intenté relajarme durante esos cuarenta minutos de solitario viaje en autobús mirando los edificios, monumentos, los parques etc. Pero era demasiado complicado controlar todas las cosas que estaban pasando en su mente. El hecho de que el autobús estuviera tan solitario no ayudaba a olvidar todas las inseguridades y miedos. Parecía un viaje infinito, hasta que google maps por fin vi que quedaban sólo dos paradas para llegar. Me alegre mucho al mismo tiempo que me puse muy nervioso, cuando vi que en dos paradas volvería estar a salvo de nuevo. O al menos eso era lo que yo esperaba. Bajé del autobús anduve los cuatro minutos que ponía en el google maps que en realidad siempre son el doble, y llegué al portal. Marqué el código y subí hasta el quinto derecha en el ascensor. Llamé al timbre y en ese espacio de tiempo que pasó entre que llamé y ella abrió la puerta tuve como un millón de veces repetido el pensamiento de irme a casa de mi abuelo y simplemente decirle que no quería hacer un ritual medio satánico en un autobús. Pero no. Ahí me quedé hasta que apareció Julia y me dio un gran abrazo. -Hola muchas gracias por dejarme venir, sé que es muy pronto, pero es que no podía estar ya más allí, la situación me ha desbordado. –Lo comprendo a veces las ideas de nuestros familiares no pueden convivir con las nuestras y es muy difícil sostener la situación. –Sí, eso es lo que ha pasado, bueno, más o menos. –Si me lo puedes contar con más detalle más adelante, no te preocupes. Lo importante ahora es que te sientas un poco más tranquilo. –Sí, muchas gracias otra vez por dejarme venir, de verdad.- No te preocupes por eso, sólo hay una habitación, pero el sofá es sofá-cama. –Eso está perfecto, de verdad. No me importaría dormir en un sofá, pero si es cama a la vez pues mucho mejor, muchísimas gracias. Además tampoco tengo planeado quedarme mucho. –¿Cuál es tu plan? Bueno, si tienes como un plan, claro. –Si realmente hay un especie de plan que básicamente es estar aquí hasta que tenga la valentía y encuentre la manera de decirle que no quiero hacer lo que él piensa que debo hacer. –Entiendo…-No te preocupes no me llevará años…es broma, creo que en tres días máximo lo podré hacer, espero que sean menos la verdad. Me siento muy culpable por toda la preocupación que le estoy causando a mi abuelo y quiero acabar con esto cuanto antes. –Sí creo que sería lo mejor hablar con él lo antes posible. Entonces Julia se acercó a mi muy despacio y empezó a hablarme muy despacio y con un tono muy tranquilo, un tono casi zen que me recordaba a mis profesores de yoga. -¿Qué es lo que te frena a hablar con él? ¿Tienes miedo de algo, de su reacción, o de algo así?...yo no pude contestar enseguida, se produjo un pequeño silencio entre esa pregunta y mi lenta e insegura respuesta. –Sí, supongo que tengo miedo de su reacción, de que no acepte mi opinión, de que me intenté convencer. Él ha sido el mayor de mis apoyos casi todas las veces que me he encontrado en problemas que significaban mucho para mí, por no decir todas. Él es una persona respetuosa y siempre me ha comprendido muy bien. Y la verdad más que asustado por su reacción, que también estoy asustado por lo que vaya a pasar a partir de ahora. Porque si no soluciono las cosas con sus ideas y métodos de sanación alternativa, probablemente tendré que ir al psiquiatra normal y eso aún me asusta más. –Lo comprendo. Y me dio un abrazo muy largo. Yo no sabía qué hacer, estaba bastante asustado de contarle todas esas cosas de mi vida a una medio extraña. Sin embargo algo en ella me hacía verla como alguien de mi confianza. -Hoy si quieres puedo tomarme el día entero libre. Eso es lo bueno de ser mi propia jefa ajhajah tengo tiempo para las cosas realmente importantes de la vida. –Muchas gracias, dije yo, todo tímido. ¿Te gustaría hacer algo juntos? Podríamos cocinar tu comida preferida, y luego dar una vuelta o algo así… -Sí, me gusta ese plan.-Vale, ¿qué quieres que cocinemos? –Pimientos rellenos, estaría bien. -¿Pimientos rellenos? -Sí.

            Le expliqué toda la receta, vimos varios tutoriales, y luego fuimos a un mercado que había cerca, donde todas las paradas tenían muy buenos productos, a bastante buen precio. Por un momento me vino a la mente todo el proyecto de mi restaurante de comidas para llevar y la sensación de frustración que sentía al respecto. Pero en seguida se me pasó porque la conversación de Julia me parecía muy interesante y se la veía genuinamente ilusionada por hacer los pimientos rellenos. Cocinamos, hablamos de porque ella había venido aquí, de cómo se sentía cantar en la calle, de cómo había estado sobreviviendo, después fuimos a dar un paseo por un parque que tenía un lago y dimos de comer a los patos, maíz y lechuga. Para entonces ya eran como las ocho de la tarde. Volvimos a su casa. Ella me dijo que solía cenar muy poco, o algo muy fácil de hacer como tostadas y un vaso de leche, que podía coger lo que quisiera de la cocina. Que ella iba a cenar eso y luego ya se iba a su habitación para prepararse para el día siguiente. –Vale, muchísimas gracias por todo. Buenas noches.

            Entonces llegó el momento más terrorífico del día. El momento en el que me tenía que quedar solo en ese sofá-cama y lidiar con mis propios pensamientos y paranoias. El momento creyendo que alguien me perseguía en el autobús, la discusión imaginaria con mi abuelo, todas las cosas que tenían que ver con el restaurante fallando. Todo me venía a la cabeza sin parar, mi mente no me dejaba un descaso para poder dormir, no fue nada fácil. El insomnio pudo conmigo y terminé durmiendo tres horas y media. Al día siguiente, Julia me dijo que iría a cantar al centro, sólo por la tarde que podía pasar la mañana conmigo. Yo le dije que no hacía falta, que no se preocupara por mí, que haría mis cosas y que intentaría pensar sobre cómo podía comunicarme con mi abuelo mejor. –Bueno eso está bien, pero me cogeré la mañana libre de todos modos. Así que podemos hacer algo si quieres. -Me gustaría comprar unas plantas para mi cuarto, hace tiempo que lo quiero hacer. Sí, perfecto, iremos a desayunar y luego a unos viveros que hay por aquí. Hicimos todo eso y nos lo pasamos bastante bien, cada vez me sentía con más confianza con Julia y me lo pasaba mejor con ella. Fue una mañana que me ayudo mucho a olvidar todo lo que me estaba pasando. Pero a lo mejor, justamente por eso, cuando aquella tarde me volví a quedar solo me sentí incluso peor, que la primera noche en ese sofá cama. Las primeras horas de estar solo en aquella casa que no era la mía se me hicieron insoportables. Cada vez me sentía más nerviosa, de los nervios pasé a la ansiedad y de la ansiedad al principio de paranoia. Empecé a pensar que Julia tenía un plan para hacerme daño, para envenenarme, atacarme por la espalda o algo así. Entonces cuando ya no pude soportar más eso, llamé llorando a mi abuelo.

Cuando encendí el móvil que lo había tenido apagado a propósito para no ver las llamadas que sabía que mi abuelo me habría hecho, vi que en efecto me había llamado veinte veces. Entonces empecé a llorar más, pero me di prisa en marcar su número. Me lo cogí enseguida. –Abuelo soy yo, perdóname por haberme ido. Pero no quiero, no quiero hacer la psicomagia en el autobús, no puedo. –Tranquilo, tranquilo, ¿Dónde estás Antonio? ¿Estás bien? No, te preocupes ahora por eso, no tenemos que hacerlo, si no quieres, no es preciso, no te preocupes.

            Le escribí a Julia, y que al final me había sentido capaz de hablar con mi abuelo, y que volvía para su casa. Le dije que no se preocupara por mí, que ya me encontraba mucho mejor y que le hablaría si quería cuando estuviera libre, para contarle las cosas con más detalle. Volví a coger el mismo autobús que me llevaba de vuelta, y pasé esos cuarenta minutos mucho más tranquilo. Aunque a veces pensaba en que si no aceptaba la propuesta de la psicomagia de mi abuelo, tendría que ir al médico normal, y no sabía qué me agobia más.

 

 

 

domingo, 16 de mayo de 2021

Capítulo dos

 

Me levanté al día siguiente, y como era lunes sentía que tenía que empezar a hacer cosas, no podía ponerme la excusa de que era fin de semana, no encontraba ninguna manera de procastinar ya más de lo que lo había hecho. Esa noche había tenido pesadillas después de mucho tiempo de dormir tranquilo en casa de mi abuelo. Me desperté con el recuerdo de ese mal sueño que básicamente había consistido en gente persiguiéndome en medio de un campo de trigo gigante en el que perdía la orientación. No es que no supiera por donde salir, o donde empezaba o terminaba sino que ya no podía diferenciar si quiera mi izquierda de mi derecha. Todo me daba una sensación de extremo cansancio y agobio. Tenía esa sensación aún metida en el cuerpo aunque no me acordara de los detalles del sueño. Desayuné con mi abuelo como siempre, el parecía muy tranquilo. Durante el desayuno me comentó que durante la mañana me daría los detalles exactos del  tema del dinero, de los costes que él había pensado que debería tener el local, y la maquinaria y electrodomésticos más caros. Yo le dije Vale.Fingiendo una tranquilidad que me salió bastante natural, (debo decir, al menos me consolaba pensar lo buen actor que soy).

Había decidido que la mesa del comedor que solíamos usar excepto para días especiales o importantes como Navidad, Nochevieja, aniversarios etc. Y que me centraría en dos tareas principales que serían mirar locales y marcas de neveras y congeladores especiales para hostelería. En cuanto a los locales ya tenía algunos en los que me había estado fijando antes de que mi abuelo me dijera que íbamos a de verdad hacer todo esto. Lo que pasaba es que como siempre había tenido la genial idea de no apuntarme nada ni guardar ningún tipo de información al respecto. Así que decidí que la mejor idea, por otro lado lo único que se me ocurría como solución era ir a los sitios físicamente y apuntar el número de teléfono y si tenían algún otro tipo de contacto. De en qué parte de la ciudad estaban esos locales sí que me acordaba así que al menos con eso no habría problema. Y porque no decirlo, siempre me ha gustado más darme paseos de aquí para allá que el trabajo de oficina, de hecho ese era uno de los pensamientos intrusivos que más me consumía. ¿Podría pasarme tantas horas al día como requería todo el proyecto, contestado emails, contactando gente, respondiendo mensajes etc.? Cada vez esas dudas crecían más en mi mente y me llevaban a lugares bastantes oscuros y complicados, pero intentaba ordenar las tareas y concentrarme solo en una. Eso me ayudaba a estar en el momento presente y no dejarme arrastrar por el sentimiento de agobio.

Le dije a mi abuelo lo que me había pasado de que me había olvidado de apuntar el contacto de los locales que me interesaban y que me tenía que ir con el metro al lugar físico. Mi abuelo me dijo que vale, que le parecía bien, pero que por favor si veía alguno más, a partir de ahora lo apuntara porque ahorraríamos mucho tiempo. La verdad que esas palabras de mi abuelo me hicieron sentir un poco triste y decepcionado conmigo mismo, porque pensaba que él se sentía así también. Igualmente seguí mi plan bastante contento porque dejaba atrás mi mesa con mi portátil donde se encontraba uno de los mayores infiernos a los que me podía enfrentar durante estos días…mi caótico, nada organizado ni funcional correo electrónico. Necesitaba ordenarlo pero no sabía cómo, y me daba mucha vergüenza decirle a cualquiera que nos sabía cómo hacer eso, pero los correos inútiles, los no deseados y los que de verdad servían para algo se habían mezclado de una forma y en una tal cantidad que yo ya no podía manejar. Una bola de nieve demasiado grande para pararla yo solo a estas alturas. ¿Podría ser una metáfora de cómo iba mi vida? Probablemente, pero bueno iba a olvidar eso ahora mismo y adentrarme en el siempre aventurero y sorprendente mundo del transporte público.

En realidad sólo tenía pensados tres sitios, en los que me había fijado hacía bastante. Por eso me asustaba la idea de ir a dónde recordaba haberlos visto y que ya no estuviera el cartel de contacto, eso significaría otra pérdida de tiempo más. Pero realmente era inútil pensar así porque no tenía otra opción más que ir. Había dos sitios que estaban por la misma zona del centro y otro que estaba también en el centro pero más lejos. Para llegar caminando debería andar como 40 minutos o así, pero bueno era un paseo bonito, en el que me cruzaba con la mayoría de calles principales del centro y edificios emblemáticos de la ciudad. Así que tampoco me importaba, andar me relajaba muchísimo, me despejaba mucho la mente. Llegué al primer sitio era un bajo de una calle bastante estrecha y oscura, pero muy cercana a una de las calles más importantes del centro. Realmente no sabía cómo sería por dentro pero el precio me parecía barato y la ubicación muy buena. Así que directamente llamé al teléfono que aparecía en el rotulo que había colgado de la reja de la ventana. Estaba muy nervioso mientras sonaba el dial, y en el fondo de mí deseando que nadie contestara. Pero contestaron, un hombre me respondió con su frase de identificación corporativa diciéndome su nombre y el de la inmobiliaria. Le dije: -Hola mire, sí, soy Antonio estaría interesado en el bajo que tienen en la calle Santa Catalina número 20. –Si hacemos visitas los martes y los jueves. ¿Le vendría bien mañana o el jueves? –Sí mañana puedo durante todo el día. – ¿Mañana a las 10.30 le vendría bien?-Sí, perfecto. –De acuerdo pues, nos vemos mañana a las 10.30  allí. Después de esa gestión bastante sencilla que para mi sorpresa parecía haber ido bien, hice lo mismo con los dos otros sitios que ya tenía visto. Fui al que estaba más cerca y nadie me cogió el teléfono, así que me fui caminando hacia el otro sitio. Tenía que caminar bastante pero más que no importarme me gustaba. Durante mi paseo de 40 minutos por el centro, encontré varias personas pidiendo dinero y a la mayoría no le di nada, las ignoré sin más. Pero una de ellas era una chica que cantaba en la calle, tenía grabadas unas bases de música electrónica de estilo muy como experimental relajante, y ella cantaba por encima una especie de fado en portugués, me pareció precioso, y me acerqué a darle tres euros. Al acercarme pude ver el usuario de Instagram que tenía apuntado en el cartel al lado del recipiente que tenía para las monedas. La verdad que me gustaría haberme parada a hablar con ella de lo mucho que me gustaba lo que estaba haciendo, pero era demasiado tímido para eso, además que tampoco quería distraerla o molestarla. Se le veía muy entregada y concentrada mientras cantaba. Hasta la expresión de su cara me encantaba, era parte de su actuación para mí. Entonces apunté su Instagram en las notas del móvil y pensé que al menos podría vencer la timidez que me causaría enviarle un mensaje directo. Le envié una solicitud, me guardé el móvil en el bolsillo y seguí caminando. Durante el paseo el aire fresco pero no frio y el sol  me rozaban la cara y me sentía bastante agradecido de que estuviéramos en primavera, ese tipo de tiempo me encantaba. Mi estación favorita del año es el otoño, pero la brisa suave de la primera es una de mis cosas preferidas de la vida.

Llegué a donde estaba el otro bajo que me gustaba, la calle se llamaba Raimundo Casasempere, llamé a la inmobiliaria y me dieron hora para hacer la visita un poco más tarde de las 10.30, también al día siguiente por la mañana. Después de esas dos exitosas operaciones, me fui a coger el metro para volver a casa. Desbloqueé el móvil para contarle a mi abuelo lo que me había pasado durante la mañana mientras esperaba el metro. Entonces vi la notificación del Instagram de que la chica que cantaba en portugués por la calle me había aceptado la solicitud. Mi abuelo me contestó que le parecía que la mañana había ido muy bien, y que creía que por hoy ya estaba bien, que le parecía bien que me tomara la tarde de relax. Así que eso hice, yo sé que mi abuelo siempre tiene y ha tenido en cuenta toda la ansiedad que me supone hacer gestiones que conllevan hablar con otras personas y hacerme cargo de responsabilidades medianas ( es decir cualquier tarea más difícil que cortar y pelar verduras). Mi abuelo esa mañana hizo algunas cuentas para las futuras compras de máquinas y electrodomésticos pero aún no podía avanzar mucho porque no habíamos empezado a tomar ninguna decisión respecto a eso.

            La mañana siguiente cogí el mismo metro que iba al centro, tenía que estar en la parada media hora antes de las diez y media que era lo que tardaba en llegar desde casa mi abuelo. El camino no se me solía hacer aburrido ni estresado. Solía mirar por la ventana y me relajaba ver el paisaje de la ciudad, todos los objetos, infraestructuras i edificios moviéndose tan rápido a mi alrededor me hacían sentir que realmente lo de fuera del metro no era real, pero me enfocaba mucho en eso y hasta podía ignorar todo el ruido que hacía la gente de mi alrededor, hablando, con el móvil o con cualquier otra cosa. Entonces mientras estaba en mi sesión de mindfulness urbano, vi una notificación en el móvil. Era la chica que cantaba canciones portuguesas en la calle. Simplemente me había aceptado la solicitud de amistad, no me había escrito nada más. Así que yo le puse: Hola, emoji de carita sonriente con mejillas sonrojadas, te vi cantando en la calle y me encantan tus canciones en portugués, enhorabuena!

Me parecía que sería también interesante conocer a esa chica como amiga, pero la verdad es que no sabía que decirle con respecto a eso, así que dejé el mensaje así sin más, sólo felicitándola por su buena música. 

Después de prestar atención a la conversación con la chica de las bonitas canciones, me quedaban sólo tres paradas para bajarme lo más cerca paraba ese metro de la calle Santa Catalina. La mujer de la inmobiliaria me enseñó el local rápidamente, ya que simplemente era un bajo vacío, que tenía instalación para una cocina que teniendo en cuenta que su uso sería para la hostelería podría catalogarse de mediana. Y un espacio en el que cabrían dos o tres mesas, lo cual estaba bastante bien dado que nuestra idea era ofrecer solamente servicio para llevar. Mi actitud durante la visita era de bastante energía y satisfacción con el sitio, y la señora hablaba y caminaba bastante rápido, así que la visita entera duró como unos diez minutos. Lo más complicado fue cuando me hablo de las instalaciones de la cocina, de qué uso podían tener, las máquinas y las potencias de éstas que podrían ser instaladas etc. Sinceramente creo que el porcentaje de lo que entendí de esa conversación fue de uno veinte por ciento, es decir que no me estaba enterando de nada. Así que intenté poner mi memoria y concentración en modo alto para intentarlo apuntar después para decírselo a mi abuelo. Finalmente la agente inmobiliaria me explicó un montón de condiciones y consecuencias que tenía el contrato. Hablaba de cantidades de dinero, cláusulas, fechas, etc… mientras me explicaba todo eso volví a intentar poner la concentración y la memoria en modo on para poder explicárselo a mi abuelo después. Pero la verdad es que cuantas más cosas decía, más largas me parecía que eran sus frases, menos podía conectar unas ideas con otras para que formaran un sentido coherente, general en mi mente, cada vez sentía más angustia y que me costaba más respirar. Sin embargo sabía que eso no era algo que le pasara a la mayoría de las personas en una situación como esa. Así que como no quería quedar como una persona loca con problemas, que realmente es lo que soy, pues simplemente intenté disimular al máximo todo eso que estaba sintiendo por dentro de mi mente y mi cuerpo. Cuanto más disimulaba, asintiendo y sonriendo más mareado y tembloroso me encontraba. Pero así era el mundo de la ansiedad secreta. Cuánto más secreta y reprimida estaba más crecía como una bola de nieve rodando cuesta abajo.

Después de todo eso estaba exhausto pero, la culpa me comería si volvía a casa sin haber ido a ver el otro local. No podía fallarle así a mi abuelo que me estaría esperando para cuadrar todas las cuentas y empezar a tomar decisiones. Tampoco quería decepcionarme así a mi mismo así que anduve los cuarenta minutos que me quedaban hasta el local de Raimundo Casasempere. De camino me encontré a la cantante, estaba en el mismo sitio que la última vez, pero parecía que estaba descansando. Ya que estaba sentada en un portal comiéndose una manzana. Si la ansiedad que había pasado en la primera visita que había tenido en el local de Santa Catalina no me hubiera gastado tantas energías a lo mejor hubiera pensado en acercarme a decirle algo. Pero entre lo que ya había pasado y que aún me quedaba simplemente pasé de largo. La verdad que sentí un toque de tristeza al sentirme tan débil. Porque no era un problema de tiempo, ni siquiera de timidez, simplemente no me sentía con fuerzas para afrontar otro ataque de ansiedad más.

             Por fin llegué al otro local donde me estaba esperando otra señora de la inmobiliaria. Este local era un poco más grande, creo que en vez de seis mesas a lo mejor podrían caber diez, y la cocina era más o menos del mismo tamaño. El sitio era igual de céntrico y la calle un poco mejor que la calle Santa Catalina. La visita fue bastante rápida, a lo mejor cinco minutos más que la otra. Esta señor no se alargó tanto hablando de toda la burocracia que tendría que enviar y todos los formularios que tendría que rellenar si de verdad estaba interesado. Así que mi cuerpo que ya estaba empezando a ponerse tembloroso se sintió aliviado, y mi cabeza notó el sosiego como una bendición matutina que me había dado esa señora agente inmobiliaria.

            En el camino de vuelta a la parada del metro, cuando iba imbuido en mis pensamientos sobre todo lo que me tenía que acordar para decirle a mi abuelo, y también teniendo pensamientos intrusivos sobre potenciales problemas, que aún no tenía me crucé otra vez con la cantante callejera. Esta vez estaba cantando un fado, su voz no iba acompañada de ningún instrumento, sólo se mezclaba con los ruidos aleatorios del bullicioso centro. Pero era precioso, me gustó tanto que me paré a escucharlo entero. Durante lo que duró se acercaba gente y después de unos minutos escuchando seguían su camino hacia donde quiera que fueran. Yo fui el único que me quedé hasta al final. La chica mientras realizaba su actuación parecía no tener mucho e cuenta la gente que pasaba, se acercaba o se alejaba. Parecía muy concentrada creando su pequeño mundo en medio de todas las calles, tiendas, bancos, restaurantes, estatuas, gente estresada, gente tranquila y gente de todo tipo. Pero si te concentrabas en lo que ella hacía todo eso paraba. O eso al menos es lo que me pasaba a mí. Cuando acabó de cantar y todo es mundo fue apagándose poco a poco, espere unos minutos, no sé si para dejarla descansar, o para sentir que realmente no estaba interrumpiendo nada. Después de esos tres minutos me acerqué a hablar con ella. –Hola, ¿qué tal?, no podía parar de mirar su pelo negro larguísimo undulado luciendo tan natural. –Muy bien, y tú ¿cómo estás? –Pues encantado de estar aquí escuchándote, la verdad que es un privilegio poderte escuchar gratis en la calle. –Muchas gracias por el apoyo, la verdad es que a veces es más complicado que te escuche alguien como música callejera que cantando en un teatro pero prefiero estar aquí. –Ah, es muy interesante, seguro que tienes tus buenas razones. –Como me decía mi abuela, las obras son amores y no buenas razones así que por eso estoy aquí. –Sí, parece una buena explicación la verdad, te agregué al Instagram el otro día, ahora me tengo que ir a casa, pero si quieres podemos seguir hablando por ahí. –Si claro, con gusto, que vaya bien, hasta luego. Me despedí tan rápido no porque me faltara el tiempo para hacer cosas durante el resto del día, sino porque no sabía que más decir. La verdad que me había gustado la frase de su abuela, pero todas las respuestas que me habían venido a la mente para contestar eran preguntas demasiado personales, que no me sentía cómodo haciéndole a nadie en una primera conversación. A pesar de todo eso hablar con esa chica me había sentado muy bien, y me había ayudado a olvidar todo el agobio que había pasado esa mañana.

            Por fin llegué a casa mi abuelo. ¿Qué tal, cómo han ido las visitas? Yo simplemente le pasé el móvil con la aplicación de las notas rápidas abierta, por donde había estado haciendo unos esquemas de la información que había podido recordar que me habían dicho las dos mujeres y me fui a mi habitación. Mi abuelo creo que se quedó leyendo los esquemas porque no llamó a mi puerta hasta diez minutos después. En esos diez minutos en los que estuve en mi habitación con la luz apagada, echado en la cama, pasaron unas cosas muy extrañas que me asustaron intensamente. Empecé a ver la sombra de una señora detrás de la cortina de mi habitación, por dos segundos la sentí real como si estuviera allí. Me quedé bloqueado, paralizado, helado por un minuto después lloré un poco, y seguí tirado en la cama.

            Cinco minutos después llamó a la puerta mi abuelo. Le dije que pasara, -¿Qué pasa Antonio, he estado leyendo todas las cosas que has apuntado en el móvil y creo que tenemos muy buenas oportunidades para llevar a cabo nuestras ideas y que las cosas van a salir bien, por qué estás tan desanimado? –No estoy desanimado abuelo, solamente estoy exhaustamente estresado. –Pero si lo has hecho todo bien Antonio, ¿por qué crees que te sientes tan estresado? No lo sé abuelo, no quiero hablar de eso ahora por favor.-Vale, te dejo descansar. Y mi mente medio loca, en sus últimas fuerzas por mantenerme despierto se durmió.

            Al día siguiente fuimos mi abuelo, Nuria y yo a preguntar cosas sobre electrodomésticos industriales. Fuimos primero al sitio de las neveras, después al de los hornos y por último a mi preferido que era el de las cafeteras profesionales. La verdad que esa mañana me lo pase bastante bien, porque lo único que hacía era mirar el diseño de las cosas y opinar de si me gustaban estéticamente o no. Todo lo otro lo iban pensando Nuria y mi abuelo. La mayoría de las veces no solían coincidir las cosas que me gustaban, y que pensaban que quedarían genial en el restaurante de mis sueños con las que más eficientes y buena relación calidad –precio tenían. Por las resúmenes rápidos de las conclusiones a las que habían llegado que me hacían Nuria y mi abuelo, me enteré de que habían encontrado buenos precios de hornos y cafeteras pero no de neveras. Así que había que seguir buscando más lugares de neveras industriales y posiblemente volveríamos, o mi abuelo tendría que seguir hablando con los empleados del sitio de los hornos y cafeteras. En mi cabeza me imaginaba dominando el arte de hacer el café de buena calidad a buen precio. No me hacía especial ilusión lo de hacer dibujos en la espuma. Yo quería tener un estilo basado en la simpleza de la calidad. Como cuando coges un tomate del huerto, y simplemente te sabe a ambrosía de dioses, pero en café. Consiguiendo todas las texturas, temperaturas y sabores que más me gustaban y que mejores creía, en mi humilde opinión de barista soñador.

            Esa mañana después de comer Nuria, mi abuelo y yo un gazpacho manchego vegetariano con pollo falso de proteína de soja que había hecho mi abuelo me hablo la cantante callejera. Me dijo que tenía tiempo libre y ha¡bía llegado a la ciudad hacía poco así que tenía solo dos o tres amigos, que si quería ir a tomar un café por su zona. Yo le dije que podía al día siguiente por la tarde porque esa tarde me iba al cine con Nuria y con mi novio.

Fuimos a tomar café por la zona en la que ella vivía. Estaba por las afueras de la ciudad pero tenía mucho verde, pequeños cafés, grandes supermercados y un centro de jardinería. En el café en el que decidimos también servían comida. Tenían unos sándwiches vegetarianos con combinaciones de ingredientes bastante interesantes ( poner ejemplos) también algunas hamburguesas, una de ellas de tofu…El sitio era mediano y bastante tranquilo. Yo me pedí un té y ella se pidió un capuccino. El nombre que tenía en Instagram era Juliajuliette, así que le dije que si se llamaba julia. Ella me dijo que se llamaba Juliana pero prefería Julia o Juliette. La verdad  a mi Juliette me sonaba un poco raro porque nunca he estado muy relacionado con el francés, así que no sabí ni si quiera si podría pronunciarlo bien. –Bueno y ¿qué tal la vida? ¿Cómo que ha has venido a esta ciudad? ¿Qué te gusta de ella?. –la verdad que vine a esta ciudad porque es más grande que la mía y pensé que la gente me ayudaría más y tendría más oportunidades para desarrollar mi carrera artística. -¿Y cómo te ha ido por ahora? Pues la verdad es que muy bien vine con algún dinero ahorrado, con el que me puedo pagar la habitación por aquí, y saca un poco de dinero al día cantando que me da para algunos gastos de la comida. –Ah lo veo muy bien. Dije yo. Seguimos hablando un poco más la conversación era bastante fluida, no nos aburríamos, o almenos yo no me aburría y tenía la sensación de que ella tampoco. Sin embargo al ser la primera vez que hablábamos tan detenidamente después de más de una hora nos despedimos y cada uno se fue por su lado. Cuando me despedí de ella empecé a no encontrarme muy bien en ese barrio que no conocía mucho y que a pesar de tener su encanto, mucha gente me había dicho que no era seguro y que tuviera cuidado. La sensación de inseguridad fue creciendo en mí, y pasó a convertirse en ansiedad. Me temblaban las rodillas y sentía que las energías que tenía para andar y tenerme en pie eran muy pocas. Después de ese estado nervioso-ansioso, cuando me subí en el autobús las cosas empeoraron. Empecé a pensar en cada una de las personas que tenía alrededor. Comencé a imaginarme todas las cosas peligrosas que podían hacerme. Entonces vi que alguien se leventaba del asiento y venía hacia el mío. Rapidísimamente pulsé el botón y en dos minutos llegamos a la siguiente parada y me bajé enseguida. Aterrado, me giré para ver si el hombre del autobús me seguía, y vi que no. Mé senté en un bordillo del suelo, las rodillas me temblaban muchísimo más, sentía que el corazón se me iba a salir del pecho. Me pusé a llorar. No sabía lo que me había pasado, sólo que había sido horrible. De las peores experiencias de mi vida, si no la peor. Tenía que volver a casa pero aún estaba asustadísimo, no sabía si contarle a mi abuelo lo que me había pasado o no. Ya no podía enfrentar otra vez la experiencia de subirme al autobús. Llamé a un taxi, y aunque durante el viaje no me pude tranquilizar del todo, de alguna manera logré llegar a casa sano y salvo. 

 

 

lunes, 5 de abril de 2021

Primer capítulo

 Hola como ya dije iré publicando aquí una capítulo al mes aprox. También intentaré postear la traducción si tengo suficiente tiempo y/o energías. Puede que haya pequeñas modificaciones de los capítulos en el futuro, pero no creo que sean muy grandes. 

Muchas gracias si alguien lo lee. 

1.

Suelo dormir muy tranquilo en casa de mi abuelo que es donde me he “independizado”, es decir dónde me he venido para dejar la casa de  mis padres. Mi abuelo es técnicamente mi compañero de piso porque pagamos el alquiler de este piso en un barrio cerca del centro entre los dos. Yo estoy muy contento de poder ayudar a mi abuelo con el alquiler y al mismo tiempo poder tener cierta independencia económica, que me permite no estar a merced de lo que mis padres crean mejor para mí. El barrio me gusta mucho, hay unos parques bastante grandes  dónde a veces no hay nadie o sólo adolescentes jugando al football. No hay mucho tráfico y eso es algo que me aligeraba mucho la vida por mi fobia a  los coches y a que alguien me lance a la carretera y morir atropellado. La  atmósfera de comunidad  hace esta zona más especial que otras de la ciudad para mí. Al centro comunitario de tiempo libre he ido un montón de veces, sobre todo a las clases de pinturas con la señora Ramoncina. Se me da fatal pero ella nunca me lo dice sólo me ignora bastante, viene a ayudarme y cuando ya no puede decirme nada bueno sólo me sonrie y se va. También tenemos un centro que integra un gimnasio con la biblioteca, por supuesto yo tengo el carné de socio. Voy a pilates, yoga y zumba todo es bastante amigable y no profesional en mi caso concreto. Hay gente profesional y mazada que me respeta y sonríe pero no compartimos muchas cosas con respecto a nuestra actividad deportiva. Yo a veces me quedo mirando sus músculos con curiosidad analizando la estructura de esas superficies fibradas del cuerpo que tienen como entidad propia al poder incluso moverse. Nunca he sentido como es tener algo así en mi cuerpo y por eso no puedo evitar quedarme mirando, y bueno, a veces recibo malas palabras de mis compañeros del gimnasio pero la verdad es que no me importa.

Vivir con mi abuelo me encanta, mi abuelo y yo somos amiguísimos. Siempre desayunamos café y tostadas juntos, menos los domingos que él siempre trae porras del quiosco de Domingo. Durante el día no compartimos mucho tiempo porque yo tengo que trabajar y él hace sus investigaciones de psicomagia. La psicomagia es una técnica para sanar los traumas que mezcla la sabiduría y los retos chamánicos con la psicología occidental. Es una especie de psicoanálisis a la inversa según me explicó my abuelo. El psicoanálisis trata de llevar las cosas del inconsciente, del mundo de los sueños al consciente, y la psicomagia trata de llevar las cosas racionales y conscientes al mundo de lo onírico y lo poético. Para ello hay que hacer unos rituales poéticos relacionados con los traumas de forma que nunca causen daño ni a uno mismo ni a los demás.   Mi abuelo dice que él está experimentando con el arte de la psicomagia y que de momento le ha ayudado bastante, que cuando sepa aún más me ayudará con mis cosas y me dirá como practicarla yo solo. Pero que para eso primero tenía que formarse más. Alguna vez me explicó algunos actos de psicomagia que eran de los más simples y que yo podía inventarme alguno parecido si quería y él me ayudaría a llevarlo a cabo. Por ejemplo uno de los más sencillos era dibujar un circulo con tu nombre dentro y alrededor del círculo escribir todas las cosas de las que te querías proteger y así, podías incluir también dentro del circulo a otras personas a las que quisieras proteger. Para inventar estos pequeños rituales primero tenías que saber cuál era tu verdadero miedo y luego inventarte el acto poético para llevar el mundo racional al onírico. Así que yo una vez intenté hacer algo para calmar uno de los miedos que menos me importaba de los muchos que tenía: mi miedo a las alturas. Así que escribí en un trozo de pan bimbo: “un día volaré y veré el suelo desde la misma altura que lo hacen las palomas y seré feliz”. Y fui al parque a darles ese pan a las palomas. Después de eso había que escribir en un papel el acto y cómo había sido tu experiencia haciéndolo. Se suponía que si lo hacías con alguien más tenías que escribir una carta para la otra persona. Yo ignoré a mi abuelo y lo hice yo solo. Luego fui a mi casa y escribí que me había sentido extraño pero a la vez liberado haciéndolo (poner si luego le funcionó no para superar su miedo a las alturas). Mi abuelo era profesor de psicología de la universidad jubilado, así que ya sabe bastante a cerca de las corrientes de la psicología occidental mayoritarias. Ahora se está centrando en investigar las influencias de los chamanes que tiene la psicomagia. Por ahora me ha hablado de una Chamana a la que el creador de la psicomagia fue a visitar en México, que se llamaba Panchita. Esta Chamana, creía como todos los chamanes en el poder de la brujería y lo sobrenatural. En el poder que tienen los símbolos y lo signos. Y su perspectiva del mundo es que la racionalidad occidental que establece que hay un sujeto que puede estudiar y entender nítidamente cómo funcionan los mecanismos del objeto de estudio no existe. Por lo tanto ella probó a hacer simulaciones de operaciones reales a sus pacientes para ver como sus cuerpos reaccionaban a éstas. Ella utilizó olores, herramientas, sonidos, imágenes que se utilizaban en las operaciones físicas para recrearlas de modo simbólico i onírico. También mi abuelo me explicó algo que decía esta chamana sobre utilizar las energías para mover los puntos de encaje. Que si se conseguía un nivel de conciencia muy elevado mediante las energías se podían mover los puntos de encaje de los cuerpos y realizar operaciones muy grandes. La verdad que esto último no lo entendí  mucho, en el sentido de que no comprendí cómo debía ser ese estado de alta conciencia de la mente y esos puntos de encaje del cuerpo. Eran dos conceptos que me costaban ver en mi mente. Aparte de hablar de todas estas cosas de las investigaciones, hacemos cosas sencillas que me encantan compartir con mi abuelo: Por la noche siempre vemos buenos programas o películas. Nuestro programa favorito se llama el cohete de lo inescrutable y trata de las preguntas filosóficas y cosmológicas que el ser humano no es capaz de resolver. Las películas nos cuestan bastantes de elegir. Y mi abuelo se quedaba durmiendo la mayoría de las veces a los diez minutos, aunque finge estar despierto, porque si no sabe que yo lo veo como una traición, por no estar conmigo en ese momento del día en el que yo siempre quiero estar en la compañía de mi abuelo que tan seguro y tranquilo me hace sentir. Los fines de semana los paso con mi novio pero entre semana siempre con él.

A mi novio lo conocí trabajando en el paellador, es una historia bastante normalita de dos chicos gays que se conocen en un trabajo precario. Lo más importante en este momento para mí es hablar de mi carrera, de cómo va y de cómo la enfoco hacia el futuro. Bien, mi sueño sería tener un restaurante vegetariano con una gran carta vegana que fuera sustentable con el medio ambiente y en el que la mayoría de productos fueran de kilómetro cero producidos por empresas que ofrecieran productos de buena calidad y trato justo a sus trabajadores. Tengo muchas ideas pensadas: locales pensados dónde podría empezar, empresas que podrían ser mis proveedores, instalaciones que necesitaría etc. Sin embargo como es fácil de intuir, no lo hago porque aún no tengo suficiente dinero ahorrado. Muchas veces le he comentado la idea a mi novio, pero no pone mucha atención ni ilusión, simplemente me sigue la conversación porque sabe que es algo que me importa. Pero yo se que él no es una persona que haga muchos planes de futuro le gusta su vida sencilla fregando platos en el paelllador entre semana y yendo a clases de artes marciales los fines de semana. La verdad que entrena duro en Karte aún es cinturón naranja pero en taekwondo ya va por el azul. Como a mi novio no le interesa mucho mi proyecto con quién más suelo hablar de ello es con mi mejor amiga Nuria.

Ella trabaja en una empresa de seguros, el típico primer trabajo de persona joven que ha estudiado recursos humanos y relaciones laborales. Después de algunos meses teniendo como único cliente a su padre y repartiendo flayers por la calle a personas que  le huían a conseguido que su jefe le dé  un trabajo que consiste en hacer entrevistas para contratar a gente a comisión. Ella está bastante contenta a la vez que cansada. Pero siempre he pensado que se siente bastante bien la combinación de esos dos sentimientos. El cansancio feliz es un buen estado de la mente.

Nuria y yo hemos hablado varias veces de mi proyecto , y ella siempre me escucha con atención y empatía, se intenta poner en mi situación, yo veo su esfuerzo en ella y por eso nunca me decepcionan sus opiniones aunque a veces no me gusten o sienta que no ha entendido del todo mi idea. También lo valoro mucho porque sé que ella no se parece mucho a mi en el sentido de que nuestros objetivos suelen ser bien diferentes. Así hablando en general de objetivos. A ella no le interesa la comida y mucho menos el sector de la hostelería, ni sabe nada de empresas que puedan ser proveedores de calidad o de cuántos kilómetros es el producto del que estoy hablando. Sin embargo siempre me dice buenas ideas sobre cómo debería ser el proceso para contratar a mis empleados, como debería ser el marketing y al estética del logo, las ofertas de lanzamiento. Según ella la estética debería ser rojo y el verde, y el logo un pimiento rojo, una zanahoria y una cebolla. La idea es que el sofrito tradicional de nuestra zona se vea en el logo y la gente sienta el olor y el sabor de siempre en un segundo. Algunos de las ofertas de lanzamiento que me dijo he de reconocer que me encantaron: la de que te la den con queso, que básicamente consistía en regalar queso cada vez que alguien pedía una bebida o tapa; o la de horchata/ leche preparada infinita a la hora del desayuno y de las meriendas. Como no teníamos máquina automática de servir las bebidas nos habíamos imaginado dos bidones grandísimos de horchata y leche preparada con un grifito para que la gente se pudiera rellenar el vaso libre y tranquilamente cuando quisieran. A mí eso me hacía muchísima ilusión. Otra oferta que se nos había ocurrido a los dos juntos aunque no era de lanzamiento ni nada era la de muffins con relleno a elegir. Mi idea era crear un sistema de relleno de muffins  sofisticadísimo en el que se injertaría el relleno con una jeringuilla de hostelería, y el relleno debería ser bastante bueno, en el sentido de mezclar varios sabores que no fueran los típicos. Por ejemplo: crema catalana con mini tropezones de galleta, fruta deshidratada con nueces o cacahuetes. Y mí preferido, el muffin salado con versión vegana con queso hecho de anacardos y calabizo (un no chorizo hecho de calabaza con especias). Una vez hablando con Nuria de mí idea del calabizo me dijo: “así como el hummus así todo esparcido por dentro del muffin pero con calabizo.” Eso es una cosa de las que más me gustan de ella porque aunque no entienda las cosas (como pasaba en este caso, porque el calabizo tiene forma y sabor de chorizo y está casi igual de duro que el chorizo pero hecho con calabaza) ella pone mucho empeño en entenderlo o hacer que lo ha entendido. Nunca tiene una actitud de indiferencia cínica prepotente tan normalizada hoy en día. Es bastante de agradecer. Lo único que me parece un poco triste o negativo es que a veces tiene racismo interiorizado, en el sentido en el que todos lo tenemos. La sociedad entera se sostiene en él. Pero a mí me da pena ver que mi amiga ha venido a estudiar a Europa tenga que odiarse a escondidas por no ser europea. La verdad que los privilegios que yo tengo por serlo, y todos los europeos tenemos son bastante grandes aunque no nos demos cuenta algunas veces. Pero aún así a veces me es difícil entender el racismo en una persona racializada. Aunque esta nueva palabra la veo bastante racista en sí misma. “Un persona racializada” ¿con respecto a qué otra persona? ¿Cuáles son las personas no racializadas? ¿Las personas occidentales?

 

Un día llegué a mi casa llorando, por algo que me había pasado en el paellador. No se lo quise contar a mi abuelo porque no quería preocuparle, realmente no era tan grave, supongo pero yo a veces sentía que no podía aguantar más. Mi tarea allí se suponía que era la de ayudante de cocina y que eso significaba que tenía que hacer la parte fácil del proceso. Las tareas que un chef podría hacer sin mirar y que por lo tanto se supone que son una pérdida de tiempo para ellos. Es decir, pelar y picar frutas y verduras y cortar  y preparar cosas en general. Cuando empecé a trabajar allí eso era lo que hacía y yo estaba muy contento allí. Una vez que aprendí y sabía hacerlas rápido disfrutaba haciendo esas pequeñas tareas y además en cuanto gané un poco de agilidad ya me daba tiempo para hacer otras cosas como hablar con Pau (mi novio). Sin embargo cuando empezó la primavera y empezaba a acercarse el verano me pusieron también de camarero y ahí es donde empezó a torcerse todo. Tenía que hacer las dos tareas a la vez y no podía con todo. Como cometía bastantes errores la gente empezó a ser más hostil, incluso a veces maleducada conmigo. Así me tiré varios meses hasta que un día mi abuelo que había notado todo el estrés que estaba pasando, se sentó a hablar conmigo y a preguntarme qué me pasaba. Mi abuelo mi había escuchado llorar en mi cuarto algunas noches, y también notaba que mis respuestas cuándo me preguntaba sobre cómo me había ido el día eran más cortas y diferentes. Yo siempre  le explicaba con bastantes detalles las cosas que habían pasado durante el día y mi abuelo me decía su opinión o nos echábamos unas buenas risas. Últimamente sólo contestaba con monosílabos y me iba lo más rápidamente que podía a mi cuarto.

Entonces después de sobre dos mese y medio así, un día mi abuelo llamó a la puerta de mi cuarto después de cenar. Yo estaba tumbado en la cama intentando relajarme viendo algo. Mi abuelo se sentó en la silla del escritorio y me dijo:

 -Antonio, ¿cómo te encuentras?  Yo le respondí que a qué se refería, qué cómo me encontraba de qué. Y él me dijo que cómo me encontraba en general. Yo le dije: -no puedo más abu.- Y me puse a llorar. Le expliqué todo lo que había pasado en el paellador y él me escuchó hasta que acabó mi relato entre lloros y ahogamientos. No era nuevo para ninguno de los dos. Mi abuelo había sido una persona muy importante para mí, desde muy pequeño y había estado a mi lado en muchísimas más malas situaciones antes. Siempre hacía lo mismo, utilizando sus habilidades de psicólogo supongo: Me escuchaba hasta que yo ya no tenía nada más que decir después me respondía cosas muy simples con una voz muy calmada y tranquila. Él y yo ya habíamos hablado antes de por qué estaba en ese trabajo y que mi verdadero objetivo era abrir mi propio restaurante, con los conceptos y objetivos que a mí me gustaban. También le había explicado un montón de ideas de las que habíamos Nuria y yo. Así que me dijo, -Bueno podrías centrarte en el proyecto que tienes en la cabeza desde hace bastante tiempo, per empezando por algo más simple. –Más simple,¡¿cómo?!- dije yo.-Bueno podrías abrir un pequeño local con el mismo concepto que tienes en mente pero que ofrezca sólo comida para llevar. Si el presupuesto es más bajo yo podría dejarte dinero que he estado ahorrando por si al final me compraba una granja. -¿y por qué no te has comprado una granja? -Bueno no sé, de momento estaba bien compartiendo piso contigo. –Pero abuelo si fracaso llevaré siempre en mis hombros el peso de que perdí el dinero de la granja.-No te preocupes Antonio el dinero se puede ganar y perder pero el tiempo nunca se recupera. Así que si pasamos este tiempo que tenemos juntos trabajando en el proyecto que has creado, el cual me gusta mucho y creo que yo también podré disfrutar trabajando en él, merecerá la pena, incluso si fracasamos. –Tengo mucho miedo abuelo.-Tranquilo, podemos hacerlo si estamos juntos, confiamos el uno en el otro y nos comunicamos bien. –Pero ya sabes lo que me pasa cuando siento mucho estrés abuelo. –Nuria y yo te ayudaremos a hacer todo y cuando sientas que ya no puedes con ello siempre podrás descansar y yo me haré cargo de todo. Estoy jubilado no tendría otra actividad más importante que esa. Yo lo visualizo en mi mente Antonio, tengo mucha ilusión. La verdad que tenía el mejor abuelo del mundo. A veces lloraba en mi cuarto pensando en qué haría cuándo se muriera. Me asustaba muchísimo de verdad que no sabía si podría vivir sin él. Pero él me había enseñado que el agradecimiento siempre curaba el ánimo y quitaba los pensamientos deprimentes. Empecé a imaginarme cuán agradecido estaba al universo por tener a mi abuelo y me salieron dos lágrimas de alegría. Creo que era la segunda vez en mi vida que lloraba de alegría. La primera fue una vez subiendo un monte porque el cansancio me estaba matando y cuando vi que había llegado a la cima me salieron de los ojos como cuando estornudas o algo así. Como del esfuerzo pero también de que no me podía creer que no me había muerto.

Mi abuelo no pudo notar mis dos lágrimas secándose rápidamente  porque no estaba tan cerca de mí. Pero él sabía el efecto que sus palabras tenían en mí, sabía que todo lo que me estaba diciendo estaba calmándome y llenándome poco a poco de esperanza y fuerza. –Vale abuelo, ¿podemos pensarlo mañana? –Claro Antonio. Se acercó a la cama y me dio un abrazo.

Los dos nos fuimos a dormir. Cuando nos despertamos nos dimos un abrazo antes de comenzar nuestra rutina normal del desayuno. Mientras mi abuelo preparaba café para los dos, me dijo que le podía ir comentando la idea a Nuria, que ella también me daría ideas muy útiles a parte de las que tenía él. Yo le dije –vale abuelo, y corté la conversación.

Al igual que me ayudaba mucho la idea de pensar que había una posible alternativa a mi trabajo precario, también me agobiaba pensar en todo el proceso que tenía que seguir. Cuando tenía que hacer cosas complicadas siempre me solía pasar lo mismo: intentaba crear en mi mente una lista de pasos para seguirlos ordenadamente, pero luego las cosas nunca se daban en ese orden sino que todo pasaba a la vez y me quedaba sin saber qué hacer. Tenía mucho miedo de que eso me volviera a pasar como muchas otras veces anteriormente me pasó. No le decía nada ni a Nuria ni a mi abuelo porque me sentía culpable, pensaba que ellos no tenían la responsabilidad de cuidar de mi, ni de mis proyectos profesionales, ni de lo que yo hacía o dejaba de hacer en el terreno laboral, pero aún así ellos ponían todo su esfuerzo en ayudarme y en lo que yo consideraba “estar ahí para mí”. Ellos eran las únicas dos personas que siempre lo habían estado y yo en el fondo de mi corazón creía solemnemente que siempre lo estarían. Nunca lo habían estado mis padres, hermanos u otro muchos a los que sinceramente había considerado amigos en el pasado. Por eso no me permitía contárselo a ellos, y por supuesto a nadie más. Si no consideraba correcto contárselo a las dos personas favoritas de mi vida, como iba a considerar contárselo a cualquier amigo/conocidillo de tres al cuarto.

Después de desayunar con mi abuelo como era sábado pasé el día con mi novio.

Aunque ya le había contado a Nuria más o menos por teléfono lo de mi abuelo, quedamos el domingo para pasar el día juntos y también para hablar de ello más detalladamente. Nuestros planes de domingo normales solían ser ir a comer o cocinar juntos y ver alguna película bastante mala, a no ser que se diera la improbable circunstancia de que encontráramos una buena y al mismo tiempo nos apeteciera verla. Muchas veces las películas buenas eran demasiado trabajo y no permitían descansar la mente como se merecía, en un domingo vago. Nuestro plan para ese domingo fue quedar para desayunar en nuestro bar favorito El rincón de Juana, que tenía las mejores tostadas con tomate de la ciudad y un zumo de naranja buenísimo. Ni si quiera tenían la típica máquina gigante de hacer zumos, sino que lo hacían con un exprimidor manual. Era un poco lento y la verdad que no creo que el exprimidor en sí fuera la causa de que el zumo estuviera tan bueno, sino las naranjas. Pero de cualquier manera toda la comida de ese sitio estaba buenísima. Muchas veces lo sentía como una inspiración para mis propios planes de negocio. Me encantaba ir a sitios así porque disfrutaba a la vez que aprendía. Durante el desayuno le estuve explicando a Nuria que me gustaría ir a su casa y que todas las ideas que se nos fueran ocurriendo me gustarías ponerlas en orden escritas, porque si no se me armaría un desorden mental con el que no podría lidiar. Ella me dijo que vale, que era una buena idea. Yo intenté alargar el desayuno lo máximo que pude porque el momento de afrontar todo ese trabajo, que para mi suponía tanta, responsabilidad, incertidumbre, coordinación, culpa, por lo que suponía para los demás etc. Me producía un estrés que cada vez iba más. Estaba ya cerca de convertirse en pánico, pero yo simplemente no decía nada. De hecho, aunque fuera triste los ataques de pánico ya estaban bastante integrados en mi  vida. Podía estar teniendo un ataque de pánico en medio de un día de ir a hacer recados, de una situación novedosa, o de una situación en la que sí que corriera un peligro real. El peligro si era real o no, no contaba mucho la verdad. En mi mente se sentía el peligro de muerte igual.

Cuando llegamos a casa de Nuria nos sentamos  en la mesa del comedor que era muy grande. La primera idea principal que apuntamos es que mi abuelo se encargaría de la producción y organizar los presupuestos, ella del marketing y yo del concepto es decir de las ideas de los productos que quiero ofrecer a los clientes, la calidad, qué tipo de marketing quiero ofrecer etc. También establecimos que mi abuelo y yo éramos los directores y que todas las últimas decisiones tenían que pasar por ambos.

Después de decidir todo eso, pensamos que ya habíamos trabajado suficiente y nos pusimos a cocinar una sopa de pollo con verduras. Yo me dije a mi mismo que mañana, al ser lunes empezaría a mirar locales, alquiler de máquinas, contactos de proveedores etc. Aunque realmente podríamos haber trabajado más, me sentía bastante satisfecho e ilusionado con lo que habíamos hecho. Así que me dormí tranquila y fácilmente.


sábado, 13 de marzo de 2021

 Hola a todos, 

Últimamente no he estado escribiendo muchas entradas para el blog, sin embargo he decido que voy a intentar adentrarme en el mundo de las historias un poco más largas que las que había venido haciendo hasta ahora. Básicamente mis entradas habían sido historias cortas, ejercicios de un curso de escritura que estaba haciendo o algunos poemitas que colgaba aquí para expresar mis cosas. Ahora me gustaría desarrollar una historia un poco más larga para ver que tal se me da. Me propongo a mi misma escribir un capítulo mensual y algunos de ellos (o todos, en dependencia de cómo vaya de energías y tiempo) los intentaré traducir al inglés, para practicar el idioma y también para poder compartir mi gusto por la escritura creativa con más gente. La inspiración de mi historia será la vida cotidiana, el paisaje urbano, la fantasía, las enfermedades mentales y en definitiva las cosas que me interesan. Sé que mi blog lo ve muy poca gente y últimamente hay entradas que no tienen visitas ahjahajhaa pero estoy muy ilusionada por volver a mi hábito de la escritura creativa (posteada regularmente) el cual amo y con el que me divierto inmensamente.

:) <3

lunes, 25 de enero de 2021

you sink your head and your bones

and  plunge them 

to me and yourself

you grin

and you stand  coward andconceited

looking for power 

in the wrong way

mistaken as a proud child 

who does not understand

that the world is already in 


lunes, 28 de septiembre de 2020

Ejercicio de comienzos

 

Ex abrupto:

            De repente estaba ahí tirada en el suelo con mi bici al lado. Estaba contenta porque había logrado estrellarme contra la pared y no contra ninguna otra persona. Tampoco me había chocado la cabeza contra el suelo porque la había amortiguado con la mano. Pero la muñeca me dolía muchísimo como si me la hubiera roto. Y aunque quería llorar del dolor ni si quiera me salían las lagrimas. De repente también me dolía muchísimo, como no la había hecho nunca, el tobillo. Las lágrimas me empezaron a rodar por las mejillas muy poco a poco. De repente perdí la conciencia. Cuando me desperté estaba en casa de un familiar con quién no me hablaba hacía años. Vivíamos en un pueblo muy pequeño y por eso estaba allí. Aunque no nos hablábamos me había visto en la calle inconsciente y me había recogido. Yo estaba en parte agradecida, en parte asustadísima porque la razón por la que nos habíamos dejado de hablar era porque era una persona extremadamente manipulativa que aprovechaba todo lo que sabía de los demás para su propio beneficio, que normalmente era hacer sentir mal a los demás, de lo vacía que estaba.

 

Uso del condicional:

Si nos conociéramos más, ¿nos gustaríamos tanto?. Es lo que más me divierte de sentirme atraída por desconocidos, puedo inventarme sus personalidades, crearlas en mi imaginación y luego asociarlas con alguna parte de su cuerpo. Pienso en las marcas de la cara y lo mucho que dicen de lo que habrá reído en la vida y lo optimista que habrá sido esa persona. Luego lo pregunto y me dicen sí, mira ves y estas de la frente es porque frunzo mucho el ceño. Veo unas manos gruesas y con heridas y pienso en la cantidad de años que habrá pasado esa persona trabajando y luego resulta ser un herpes o cualquier otra enfermedad de la piel. Me atrae alguien sin pelo y me imagino cómo sería esa persona sin pelo. Por eso me gustas tanto cuando sonríes y pones cara de que no has hecho nada malo en tu vida me lo puedo creer del todo hasta lo más profundo del significado de esa frase. Y cuando muestras interés por algo como no sé de verdad cuanto tiempo estarás pensando en eso, no sé si un segundo, minutos, media hora, durante días o meses, puedo imaginarme lo que yo quiera. Pero si nos conociéramos más ¿qué pasaría? ¿Descubriría como era tu pelo hace diez años y me dirías que el mismo castaño oscuro normal y corriente que tienes ahora pero sin los tres o cuatro pelos blancos?; ¿Nos aburriríamos el uno del otro?  ¿Nos gustaríamos más?  ¿Nos evitaríamos?  ¿ Nos controlaríamos?... ¿A veces pienso qué pasaría si siguiera teniendo citas con desconocidos toda mi vida, y no volviera nunca a tener una relación o algo parecido? Me gustaría conocer a alguien que lo haya hecho y preguntarle

 

 

 

Uso de paradojas, antítesis o adjetivos contradictorios

Cuanto más se rompía su familia más feliz se sentía. Cuantas más discusiones y violentas que predecían el divorcio de sus padres más calma y tranquilidad predecía para su propia vida. Vivía muchas situaciones parecidas en su día a día. Las conversaciones superficiales con los vecinos le parecían de lo más violentas. Gente pretendiendo que se preocupaban o les importaba lo más mínimo las cosas que le pasaban, lo sentía como un pellizco de los que dejan moratón. En su soledad y silencio era donde más acompañada y divertía se sentía. Sin las mentiras de la gente y la compostura más forzada. Cuando levantó el teléfono y su madre le dijo que había pedido el divorcio en su cabeza visualizó la fachada de un edificio de viviendas derrumbándose. Se sintió tranquila y en paz como cuando era una niña pequeña. Con esa paz se quedó dormida. Sabiendo que al día siguiente todo el mundo le brindaría apoyo y un lo siento, por lo mejor que le había pasado en años.

 

 

La descripción de un entorno inusual

Héctor y su camaleón se encontraban en el desierto de Almería. Se habían perdido y a mitad de camino entre Valencia y Cádiz habían acabado en ese paraje bello y agobiante. Llevaban horas conduciendo y Héctor sentía que ya no podía más tenía que parar a descansar por no hablar del calor que estaban pasando, porque el aire acondicionado del coche funcionaba a sus mínimos. Bajaron y se sentaron a comer algo. El  calor era como una plasta que se pegaba al cuerpo y hacía que fuera difícil hasta moverse. A su alrededor no había más que unas montañas no muy altas, áridas, de tonos pálidos y grisáceos y el suelo se agrietaba por cada centímetro de superficie. El sol le parecía a Héctor que era la vez que más grande lo había visto y quizás más cerca lo había sentido en su vida, por no hablar de la intensidad con la que penetraba en su cuerpo. Desde la cabeza que era en la parte donde esa intensidad se llegaba a transformar en dolor pasando por el cuello, el pecho, los brazos, las muñecas, y así hasta los pies que le ardían. En su corto camino de vuelta al coche, mataron a algunos insectos que era la única vida que parecía haber cerca.

Romper la lógica del lector

Esta historia empieza en la ciudad más fea en la que nunca has estado. Allí estaba esperando al autobús comiéndome un cono de helado con dos bolas. Una de stracciatela y otra de chocolate negro, esta buenísimo. Estaba siendo un momento fascinante cuando por casualidad vi que en la otra acera estaba tu ex. Yo ni si quiera te conozco, ni a ti ni a él, sin embargo la sensación que sentí en la barriga era la misma que la que tengo cuando me cruzo en la calle a algún ex que me gustaría no ver nunca jamás en mi vida. Pero por suerte en ese mismo momento llegó el autobús. Ese autobús que para llegar al destino tardaba una hora y pasaba por tu playa preferida, tu parque preferido, el lugar en el que peor lo pasaste cuando eras un niño y por un restaurante que te encanta. Llego a mi casa y de repente toda mi familia es tu familia y todo esta historia sigue así, las cosas que me pasan, seguirán pasando con personas a las que tú has conocido, lugares en los que tú has estado e imágenes que sólo están en tu memoria e imaginación. Y mientras yo cuento mis peripecias tu tendrás que mezclara las tres.

 

Mi ratón Pedro

 Mi ratón Pedro. Mi ratón Pedro vive conmigo, roe cartones, corretea y come cacahuetes. A veces le cuento mis cosas y él me escucha mientras...